viernes, 29 de enero de 2016

WITTGENSTEIN, MENTE Y REPRESENTACIÓN


Una de las ideas más peligrosas para un filósofo, afirma Wittgenstein, es que pensamos en nuestras cabezas, en un espacio completamen­te cerrado, oculto. Se trata de un error semejante a lo que Gilbert Ryle denominó error categorial. Pensemos en la historia del visitante que acude a la Universidad y, después de haberle mostrado las aulas, laboratorios, bibliotecas, etc., pregunta dónde exactamente se encuentra "la" Universidad, como si se tratara de una entidad independiente. El mismo visitante, al presentarle al equipo de fútbol pregunta dónde está el esprit de corps o, si se quiere, la moral de victoria.  "Mental" y "material" pertenecen a distintas categorías lógicas; el error categorial consiste en buscar un espacio material donde se localice lo mental, la res cogitans cartesiana, el piloto de la nave. Una vez que se le atribuye ese espacio ‑ la caja craneana en nuestra cultura, no así en otras ‑ se dota a lo mental de características similares a lo material (fenoménico). Comentaba Wittgenstein a sus alumnos en el curso 33‑34 que tal vez la razón por la que nos inclinamos a hablar de la cabeza como del lugar de nuestros pensamientos es por la existencia de palabras como "pensar" y "pensamiento" junto a las palabras que denotan  actividades (corporales), tales como escribir, hablar, etc. Que nos inducen a buscar una actividad, diferente de éstas, pero análoga a ellas, que corresponda a la palabra "pensar". Palabras que en nuestro lenguaje ordinario tienen la misma gramática aparente tienden a ser interpretadas de forma análoga.

Wittgenstein ataca al dualismo pero no niega que los términos mentales tengan un uso, si bien intenta evitar la imagen de interioridad que se les asocia. Este "recha­zo" de la interioridad lleva a que a veces se identifique a nuestro filósofo con el conduc­tismo. Para Wittg­ens­tein los criterios conductuales son los únicos posibles, pero el acento debe hacerse recaer en "únicos" y no en "posibles". Es cierto que el psicólogo observa los fenómenos de la vida mental  y que entiende por "fenómeno" algo que puede ser observado, luego el psicó­logo sólo observa la conducta. Aceptar esto no equivale a abrazar el conductismo – como hace Ryle -  pues Wittgenstein sólo acepta definicio­nes de los términos psicológicos que sean articuladas, frente a las definiciones operativas de los reduccionis­mos conductista y fisiológico. La única posibilidad que reconoce a la psicología es la de disolver el mundo interno, pero conservando lo que supuestamente ese mundo contenía.

Un supuesto común a racionalismo y empirismo, a menudo no explici­tado, es que las palabras de nuestro lenguaje adquieren significado en virtud de una definición ostensiva inter­na. Una definición ostensiva es la que establece una relación directa entre el signo y el objeto ("esto es 'tal' cosa"); el positivismo, una forma tardía del empirismo, la tomó como unidad básica del conoci­miento humano. Pero la definición ostensiva presupone la existencia innata de un lenguaje interior, privado, al que pueda ser traducida. Un auténtico lenguaje privado tendría ciertas caracte­rísti­cas: "Las palabras de éste lenguaje deben referirse a lo que sólo puede ser conoci­do por el hablan­te. A sus emociones inmedia­tas, privadas. Otro no puede, por tanto, entender éste lenguaje"  ¿Hasta qué punto son mis sensaciones privadas? Wittgenstein toma expresiones de uso corriente como “yo puedo saber si realmente tengo dolor; el otro sólo puede presumirlo”. Esto es al mismo tiempo falso y un sinsen­tido, porque los demás  saben muy frecuentemente cuándo tengo dolor, en cambio de mi no puede decirse (salvo quizá en broma) que sé que tengo dolor. Mi dolor no es un conocimiento sino una experiencia y, en cuanto al de los otros, en principio no somos peores en nuestro conocimiento de la expe­riencia de las otras personas que en cualquier otra cosa.  El defensor del lenguaje privado puede aducir la tesis de la inalienabilidad: "Otro no puede tener mis dolores". Pero ¿Qué son mis dolo­res? ¿Qué cuenta aquí como criterio de identidad? “¡Otro no puede tener ESTE dolor!"‑ La respuesta del filósofo vienés es que no se define ningún criterio de identidad mediante la acen­tua­ció­n enfáti­ca de la palabra "éste".     

Nuestro cuerpo no es el límite de nuestras sensacio­nes. Pone el ejemplo del ciego, que es capaz de sentir los obstáculos en el extremo de su bastón. Se me ocurre también el caso del miembro fantasma de los amputados. Ambos cuestionan el princi­pio de la inalienabilidad.

No se niega la posibilidad del disimulo, de que, con algunas restricciones, seamos capaces de engañar sobre nues­tras sensacio­nes. Bien al contrario, la mentira existe, pero mentir es un juego de lenguaje que requiere ser aprendido como cual­quier otro. El engaño no es algo ya dado desde el comienzo de la comunicación.  De la misma forma que sólo es posible la duda cuando ya existe la certeza, podemos decir que sólo es posible la mentira cuando ya existe la verdad. En lenguaje psicoanalítico se diría que sólo hay denegación cuando ya ha habido afirmación.

Las palabras se conectan con la expresión primitiva de las sensaciones y ocupan su lugar; la expresión verbal del dolor reemplaza al grito, sin ser una descripción del dolor como sensación interna. Si los seres humanos no manifestaran su dolor – algo factible si las sensaciones fueran objetos internos - no se le podría enseñar a un niño la expresión 'dolor de muelas', pero cuando damos un nombre al dolor presupo­nemos la gramática completa de la palabra "dolor".  Desde luego, los términos de un juego de lenguaje no se aprenden aislados sino en el seno de una gramática. Y una gramática se define por el seguimiento de ciertas reglas, cuyo origen, según la teoría del lenguaje privado, debería ser privado, inte­rior antes que exterior, algo lógicamente imposible para Wittgenstein. Vygotsky ha mostrado que sólo hay lenguaje interno cuando el lenguaje externo, social, se interioriza, igual que ocurre con todas las “funciones superiores”: son externas y sociales antes de ser internas e individuales.

Para memorizar las supuestas sensaciones internas y sus definiciones ostensivas privadas, el defensor del lenguaje privado podría plantear la existencia de una tabla interior, imaginaria, donde yo consultaría, por ejemplo, si la sensación que estoy experimentando ahora es la misma de ayer, o si la hora de salida de un tren es exactamente la que yo recuerdo. Pero esa tabla sólo sería de utilidad si existe un criterio externo de corrección; si no, es como alguien que comprara varios ejempla­res del periódico de hoy para cerciorarse de que las noticias son verdade­ras. Ni el concepto de “sensación”, ni ningún otro, tiene su origen en nuestro interior. De ser otro el caso ocurriría que, para asegurar­nos de que lo que una persona está experimentando ahora mismo es dolor, tuviéra­mos que pincharnos con un alfiler para evocar el recuer­do correcto Para dudar de si alguien tiene dolor lo que necesi­tamos no es dolor, sino el concepto de "dolor". Para hacer un uso correcto de la citada tabla debemos despertar el recuerdo que pertenece a "S" (la sensación concreta), pero como la tabla es imaginaria no puede haber ninguna consulta real, lo más que puede suceder es que recuerde el ejemplar que acompa­ña a "S", es decir, lo que "S" signifi­ca: pero esto es precisamente lo que se supone que confirma la tabla. Por lo demás, afirmar que un lenguaje sobre las sensaciones es imposible a menos que sea compartido por una comunidad no difiere de afirmar que un lenguaje sobre los objetos físicos es imposible salvo que sea compartido por una comuni­dad. Yo no puedo denominar a este animal 'perro' si no recibo esa palabra dentro del lenguaje de la comunidad, en contextos concretos. El problema de la definición ostensi­va interna sirve para desenmascarar el esquema dualista, esquema que se halla igualmente en las definiciones ostensivas externas.

Wittgenstein en ningún lugar afirma que exista el objeto 'dolor' separado de sus manifestaciones y, desde luego, no sugiere que desconozcamos el significado de la palabra "dolor". Hemos dicho que el niño sustituye, en parte, la expresión natural del dolor por la expresión lingüística, pero no hay ningún objeto interno 'dolor' que pueda expresarse de ambas maneras. No existen las sensaciones como objetos internos, otra cosa es que yo aprenda a manifestar mis impresiones subjetivas, pero no tenemos motivo para creer que esas impresiones existían antes de aprender las palabras que supuestamente las designan. La estructura gramatical objeto/designación  es equívoca a la hora de conceptualizar las sensa­ciones. Pues la expresión de las sensaciones no debe confundirse con la observa­ción del estado interior ni con la descripción del mismo. Una imagen  puede ser irreal, no tiene por qué corres­ponderse con un estado de cosas. El error de la filoso­fía de las sensacio­nes - de los sense-data - radica en la creencia de que nuestras decla­raciones sobre supuestos estados internos son "descripcio­nes". La palabra "descri­bir" nos toma el pelo. Es preciso que nos percatemos de que cuando decimos "describo mi estado mental" y "des­cribo mi habitación" estamos utilizando juegos de lenguaje diferente. La confusión de ambos juegos es la que conduce a numero­sos errores filosóficos: toda una nube de filosofía se condensa en una gotita de gramática. Las descripciones son instrumentos para empleos especiales, no toda imagen verbal es una descripción, como los cuadros que cuelgan de nuestras paredes son pinturas en cierto modo ociosas. Ociosas porque las auténticas descrip­ciones son las que están dotadas de alguna operati­vidad, como los croquis o las instrucciones verbales.

Desde el primer parágrafo de las Investigaciones Filosóficas, con el ejemplo de un tendero que consulta etiquetas y muestras para cumplir el pedi­do "cinco manzanas rojas", Wittgenstein está cuestionando la noción de "imagen inter­na". Según la concepción ordinaria, compartida con ciertas modifica­ciones por la psicología cognitiva, la imagen se lleva encima, igual que podemos utilizar un retal de tela para confrontar. Si el proceso fuera así de simple sería, en realidad, algo muy complicado. Para comprobar que la imagen que nuestra memoria nos propor­ciona de 'rojo' es la correc­ta deberíamos disponer de un tercer término de comparación, y así indefi­ni­damente. Antes o después llegamos al momento en que hacemos las cosas y las hacemos bien. Bien entendido, este debate entronca en la discusión medieval sobre los universales y más atrás, con la doctrina platónica de las ideas. Recordemos el argumento clásico del tercer hombre contra la doctrina de las ideas, o de las “formas”, de Platón, que aparece en el famoso diálogo – o más bien monólogo” – que lleva por título Parménides. La cuestión tiene que ver con la manera en que una idea se relaciona con los particulares que participan de ella. El hombre particular es, en consecuencia, humano, porque participa de la forma “hombre”, pero esta comparación requeriría del recurso a un “tercer hombre” que asegurara lo que los dos primeros poseen en común, y así en una regresión al infinito. (Resulta sorprendente que el propio Platón recogiera este argumento supuestamente demoledor de su doctrina más destacada sin, al parecer, refutarla. Luego será retomado por Aristóteles en la Metafísica (libro I, cap. 9), en un contexto menos sorprendente). Esto nos descubre la filiación idealista de las concepciones corrientes sobre la memoria y la imagen interna. En una publicación de Eric Dietrich, se menciona el problema fundamental de representación que afecta a la psicología cognitiva: por muchas investigaciones que se están realizando, ningún científico sabe cómo representa la representación. A pesar de ello se sigue identificando el concepto de “mente” con la mente individual, que es la que se estudia normalmente desde el aislamiento como aparato representacional, seguramente, añade el texto, el hecho científico más importante.

No es que se niegue la existencia de representaciones internas, ni que las investigaciones de la ciencia cognitiva carezcan de interés. De hecho, considero relevantes los trabajos de Pylyshyn, conocido psicólogo cognitivo, cuando descubre que una imagen se mantiene en la memoria merced a su estructura significativa y no tanto como representación pictórica. Pero la representación interna es algo tan evidente que, a menudo, nos lleva a confusión, pues la tomamos como algo originario. Esas imágenes son dependientes de lo que ocurre en el exterior. Dice Wittgenstein: Lo que ocurre en el interior sólo tiene sentido en el flujo de la vida Los errores se originan en nuestra tendencia a darles un valor per se a estas imágenes internas, cuando en realidad la imagen interna sólo posee estabilidad si se la contrasta con el uso.  Para Wittgenstein el postulado esencial no son los sistemas repre­sentacionales, sino la comunicación interpersonal en la práctica. La imagen interna es subsidiaria de la imagen externa, la auténtica, y, en último extremo, del lenguaje  Deberíamos sustituir el concepto de representación interna por un concepto pragmático que describiera cómo se utilizan las representaciones en las situaciones concretas.

Terminaré recogiendo una buena síntesis del proceso seguido por Wittgenstein en su argumento del lenguaje privado tomada de Pablo Quintanilla:



1.       Sólo tiene sentido llamar intencional, dotado de mente o pasible de estados mentales, a aquel tipo de comportamiento que involucra conceptos.

2.       Tener un concepto es conocer una regla de uso, es decir, saber en qué circunstancias es apropiado aplicarlo y en qué circunstancias no, qué objetos caen bajo la extensión del concepto y cuáles no. Esto equivale a saber distinguir entre un uso correcto y uno incorrecto del concepto.

3.       No es posible usar una regla de manera privada. Toda regla es pública y aprendida socialmente.

4.       Conclusión: Sólo es posible tener estados mentales si se es miembro de una comunidad social, una forma de vida, donde tales estados mentales pueden ser constituidos.

sábado, 23 de enero de 2016

NUEVA TEMPORADA DE CURSOS ON-LINE

Estimados/as colegas,

El próximo mes de Febrero dará comienzo la nueva temporada de Cursos On-Line, sometidos a acreditación por la Comisión de Formación Continuada de las Profesiones Sanitarias de la Comunidad de Madrid, con validez en todo el Estado, y de amplio prestigio internacional. A continuación se detalla el listado de cursos ofertados, para los que ya está abierto el periodo de inscripción:

Cursos Teórico-Técnicos aplicados a la clínica:

·  Curso IMDR:  Introducción al Modelo Dinámico Relacional. 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line, más 50 horas de trabajo práctico del alumno, con opción voluntaria de 12 horas presenciales). CURSO DE INICIO DEL MÁSTER EN PSICOTERAPIA PSICOANALITICA RELACIONAL y forma parte de los cursos para EXPERTO. Puede cursarse separadamente.

·  Curso IPBM: La mentalización y la capacidad de pensar. Introducción a la psicoterapia basada en la mentalización. 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line más 50 horas de trabajo práctico del alumno/a). Forma parte del curso para EXPERTO EN PSICOTERAPIA INTERSUBJETIVA FOCAL, también del Máster, y puede cursarse separadamente.

·  Curso TPTR: Trastornos de Personalidad. Perspectiva Relacional. 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line más 50 de trabajo práctico, y opción voluntaria a 12 horas presenciales). Forma parte del curso para EXPERTO EN PSICOTERAPIA INTERSUBJETIVA FOCAL, también del Máster, y puede cursarse separadamente.

·  Curso PIFB: Psicoterapia Intersubjetiva Focal Breve - I (Nivel básico: Teoría y Técnica). 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line más 50 de trabajo práctico, y opción voluntaria a 12 horas presenciales). Forma parte del curso para EXPERTO EN PSICOTERAPIA INTERSUBJETIVA FOCAL, también del Máster, y puede cursarse separadamente.

·  Curso PIF2: Psicoterapia Intersubjetiva Focal Breve - II (Nivel avanzado: práctica clínica). 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line más 50 de trabajo práctico). Forma parte del curso para EXPERTO EN PSICOTERAPIA INTERSUBJETIVA FOCAL, también del Máster, y puede cursarse separadamente.

·  Curso TXPR: Toxicomanías: Perspectiva Relacional / Abordaje psicoterapéutico. 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line más 50 de trabajo práctico).

· Curso ITPP: Introducción a la técnica de la psicoterapia psicoanalítica. 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line + 50 horas de trabajo del alumno con casuística)Forma parte del Máster, y puede cursarse separadamente.

·  Curso BMSE: Bases del Modelo Sistémico y Epistemología de la Clínica. 6 Créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line, más 50 horas de trabajo práctico del alumno, con opción voluntaria a sesiones presenciales no incluidas). CURSO DE INICIO DEL MÁSTER EN PSICOTERAPIA RELACIONAL, Línea SISTÉMICA, y forma parte de los cursos complementarios de la línea psicoanalítica. Puede cursarse separadamente.

Cursos de Grupos:

· Curso TGSS: Teoría y Técnicas de Grupo para Servicios Sociales y de Salud. 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line, más 34 horas de trabajo práctico del alumno y hasta 16 presenciales recomendadas en experiencia grupal intensiva)Forma parte del curso para EXPERTO EN PSICOTERAPIA DE GRUPO, también del Máster, y puede cursarse separadamente.

· Curso PGTC: La Psicoterapia de Grupo como tratamiento combinado: Modelos y técnicas actuales. 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line de lecturas y trabajos tutelados para complementar y fundamentar la práctica grupal actual en el ámbito comunitario)Forma parte del curso para EXPERTO EN PSICOTERAPIA DE GRUPO, también del Máster, y puede cursarse separadamente.

Cursos Metodológicos y Éticos para la Clínica:

·  Curso MIPP: Metodología de investigación para el Psicoterapeuta Profesional. 6 créditos equivalentes a ECTS(100 horas on-line más 50 horas de trabajo práctico del alumno). Materiales actualizados.
 
·  Curso CCRT: Entrenamiento en el Método CCRT y CCRT-LU-S. Aplicaciones para la clínica y la investigación en Psicoterapia4 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line, de las que 25 son prácticas). Materiales actualizados.
  
· Curso CEPP: Casuística ética para el psicoterapeuta profesional. 2 créditos equivalentes a ECTS (40 horas on-line de lecturas y trabajos tutelados para facilitar la reflexión y actuación ante los dilemas éticos del psicoterapeuta profesional)Forma parte del Máster, y puede cursarse separadamente.

Podéis consultar de la información detallada desde la siguiente página web: http://www.psicoterapiarelacional.es/CAMPUSONLINE.aspx

Estos cursos forman parte de nuestro sistema modular del Máster en Psicoterapia Relacional (Especialista en Psicoterapia Psicoanalítica Relacional / Especialista en Psicoterapia Sistémica),  de diferentes Diplomas de Experto, aunque todos ellos también pueden ser cursados de forma independiente y cuentan con acreditaciones de formación continua para Psicólogos Clínicos y Médicos.

Podéis hacer llegar esta información a cualquier persona que creáis pueda estar interesada. Existen condiciones especiales para los inscritos en los Estudios de Máster y Especialista en Psicoterapia Psicoanalítica Relacional, los miembros del Instituto de Psicoterapia Relacional y de IARPP-España.

martes, 22 de diciembre de 2015

miércoles, 16 de diciembre de 2015

¿ES EL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD HEREDERO DE LA ANTIGUA HISTERIA?




[Parte de lo que a continuación se desarrolla apareció en un artículo publicado por la revista de la AEN: Carlos Rodríguez Sutil, Alejandro Ávila, Augusto Abello, Manuel Aburto, Rosario Castaño, Susana Espinosa, Ariel Liberman, Reconsiderando la clasificación psicopatológica desde el punto de vista psicoanalítico-relacional. Lo histérico-histriónico como modelo. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq., 2013; 33 (120), 693-711. ]

Martin Leichtman (1989) dijo hace unos años:

A no ser que Dios le hable a uno directamente acerca de la definición del TLP, es probablemente inútil el aventurarse en esta área en estos momentos. Está claro que Dios le ha hablado a algunos acerca de este asunto, pero, tal como es Su voluntad, lo ha hecho de maneras diferentes y contradictorias […] No podemos buscar refugio bajo las definiciones del DSM-III y el DSM-III-R. Si algo es seguro, es que esas definiciones no son la obra de Dios, sino la obra de un comité (traducción de Cabrera Abreu, 2002).
Los términos “histeria” y sus derivados - como “neurosis histérica”, “histeria de conversión”, etc. - han sido retirados progresivamente de los manuales de diagnóstico más relevantes.  La palabra “histeria”, como es sabido, proviene del griego como un derivado de la palabra útero, puesto que se suponía que este órgano era la causa  de la enfermedad histérica. Por otra parte, es de uso común utilizar el término de forma descalificadora y es muy importante que las palabras que aluden a los trastornos mentales no se presten a un mal uso en la medida de lo posible. La historia de la histeria es ese complejo entramado de descripciones, adjetivaciones, reacciones, juicios valorativos a los que le viene muy bien esa idea de Nietzsche cuando sostiene que “lo que tiene historia no tiene definición”, y que recuerda al orteguiano: “El hombre no tiene naturaleza, tiene historia”. Esta historia pone de relieve lo que han señalado muchos psicoanalistas, esto es, la estrecha relación de la histeria con los contextos socio-culturales en los que ha sido pensada. A comienzos del siglo XX el interés por la histeria declinó. Para Judith Herman (2004) había sido el impulso político anticlerical de los ilustrados lo que fundamentó el interés científico por la histeria. Una vez establecida una sociedad laica, y siendo la causa de las mujeres una cuestión de los movimientos feministas, no había motivo para continuar las investigaciones en este campo.
Lo cierto es que, desaparecido Charcot, sus sustitutos se empeñaron en desposeer a la histeria de una naturaleza psicopatológica propia al carecer de sustrato orgánico verificable. Las histéricas pasaron a ser, según Babinski, meras simuladoras. En otro orden de cosas, para Bleuler, las psicosis histéricas no eran sino cuadros esquizofrénicos en personalidades premórbidas histéricas. Según Ross (2004), la descripción que hacía Bleuler de la esquizofrenia es en muchos aspectos similar a la moderna descripción del trastorno disociativo de la identidad. Freud siguió su camino apartándose de la etiología traumática y construyendo su edificio conceptual en torno a las pulsiones y a la represión. Janet, por su parte, que siempre defendió una explicación traumática y un proceso de disociación, quedó silenciado hasta muchos años después.
Siguiendo el modelo médico, el diagnóstico se alcanza examinando los síntomas y signos que presenta el paciente. Esta forma de elaborar la enfermedad como entidad independiente corre el riesgo, ya señalado por Foucault (1961), de caer en un “prejuicio de esencia”, según el cual la enfermedad es una entidad que se define por los síntomas que la evidencian pero es, en cierta medida, independiente de ellos. Así se habla a veces de la esquizofrenia oculta bajo síntomas obsesivos. Nuestra forma de entender el trastorno mental, en cambio, consiste en hacerlo equivalente a la configuración de síntomas y signos que lo definen, así como su curso fenomenológico, sin aceptar que exista una separación entre la enfermedad y sus expresiones, evitando entrar por el momento en debates etiológicos. Y esto de la misma manera que también rechazamos la concepción esencialista del inconsciente, estructura interior independiente de sus manifestaciones. De haber una estructura por detrás del trastorno psicológico, esta es la ‘estructura’ de la personalidad, idéntica al conjunto de comportamientos de un individuo en su contexto social, con los demás y consigo mismo. La personalidad ofrece sus propias alteraciones relacionales y sirve de sustrato para la aparición de los síntomas, o es dominada por ellos y alcanza su fragmentación casi total en las psicosis, conglomerado de síntomas y signos en el que la personalidad se diluye. Volviendo a Foucault, diremos que “la enfermedad atañe a la situación global del individuo en el mundo: en lugar de ser una esencia fisiológica o psicológica es una reacción general del individuo tomado en su totalidad psicológica y fisiológica”.
Mashud Khan (1991) dio un paso sumamente relevante cuando tomó el concepto de Winnicott de “tendencia antisocial” (que él conecta con el acting out). Esta tendencia se caracteriza, entre otras cosas, porque exige un respuesta del medio ambiente para vehiculizar la esperanza de una nueva oportunidad, de una experiencia con el otro que en cierto modo cure la disociación, al entrar en contacto con las necesidades del yo, descifrándolas. Para el histérico es en la experiencia sexual – o en la seducción sin más -  donde se expresa esta tendencia. El lenguaje del cuerpo se necesita porque el trauma que ha provocado el problema ocurrió antes de que las palabras adquirieran significado, o bien ha desorganizado la capacidad para el pensamiento verbal.
Siguiendo una línea argumentativa semejante, pero innovadora, aparece la teoría de Ute Rupprecht-Schampera (1995). La histeria se produce tras un fallo en la construcción de la relación triádica, por el fracaso de la función parental auxiliar: el padre no supone apoyo suficiente para superar una relación hijo/a-madre excesivamente absorbente, dominada por el miedo, la depresión o el odio. Tizón (2004), por su parte, habla de una función materna abrumada por la angustia que trasmite de forma catastrófica pero aparentando, desde su narcisismo, tener la panacea contra la angustia, trasmitiendo el doble mensaje de la angustia y de que todo está controlado, algo completamente falso. El conato de rebeldía que esta paradoja puede provocar en la persona explica la dinámica por la “falta de reconocimiento”, que apuntara Benjamin (1995). A menudo una salida ante la humillación es el disfraz que se asume la histérica (y el histérico), incorporando el rol que se asume de ella. Parafraseando a  Bromberg (1998), diremos que el histérico es alguien que recorre la vida pretendiendo ser quien realmente es. Al mismo tiempo, dentro del histérico grave hay un bebé que se siente no querido y busca un “pecho firme” al que agarrarse (Tizón, 2004).
La "regresión" al modo diádico es un fenómeno típico en los sujetos con estructura límite, según Ruprecht-Schampera (1995). Ahora bien, si la relación triádica se da desde el origen, no se puede decir propiamente que haya una regresión sino un deterioro. El histérico, en la conversión, utiliza el cuerpo de forma temporal como objeto sustitutorio (del padre auxiliar). El enfermo psicosomático, en cambio, lo utiliza de forma permanente, sustituye al objeto primario.
En el DSM-IV se define al trastorno límite como un trastorno caracterizado por un control de impulsos, autoimagen, estados de ánimo y relaciones interpersonales inestables. Los sujetos que padecen este trastorno intentan desesperadamente evitar el abandono, tienen problemas en la definición de su autoimagen, impulsos autodestructivos, sentimientos crónicos de vacío y aburrimiento así como reacciones de enfado inapropiadas e incontroladas. También experimentan brevemente ideación paranoide o estados disociativos como respuesta al estrés y relaciones que oscilan de forma extrema entre la idealización y la devaluación. Pero también, añadimos nosotros, entre la autoidealización y la autodevaluación. 
En la literatura clínica actual se considera que la patología límite es un síndrome clínico bien diferenciado – el trastorno límite de la personalidad (TLP) – la realidad, sin embargo, no es tan simple, pues el concepto de “límite” o “borderline” conlleva importantes problemas de definición. Estos problemas proceden, en parte, de la naturaleza proteica del trastorno – sólo comparable quizá en su variabilidad con la personalidad histérica – como ejemplifica de manera paradigmática su “estable inestabilidad” (aportación de Melitta Schmideberg, la hija de Melanie Klein). Lo límite, como era de esperar, transpira una naturaleza de indefinición, confusión, transición a caballo entre modos de funcionamiento y estados dispares. Una muestra de esta indefinición es sin duda la separación de dos formas de TLP en el sistema ICD de la OMS: el límite-límite y el impulsivo. Un individuo que padece un brote esquizofrénico en respuesta a una separación puede ser mal diagnosticado como padeciendo un trastorno límite en el que se ha provocado una extrema “depresión por abandono”, y viceversa: individuos con una organización límite de la personalidad a menudo son tomados por esquizofrénicos cuando buscan ayuda con ocasión de un importante malestar y una desorganización causados por una separación.
Frente al debate de si lo borderline es una estructura o un modo de funcionamiento, parece acertada la posición de Luigi Cancrini (2007) – desde la perspectiva sistémica-familiar- quien se decanta de forma decidida por la segunda opción. Ahora bien, también es posible entender las estructuras como modos de funcionamiento, en la medida que aceptemos la idea de que su frontera es difusa y porosa; se puede pasar con mayor o menor facilidad de una a otra. Dicho de otro modo, los individuos (y los grupos) tienen a su disposición una serie de patrones de comportamiento que pueden variar dependiendo de las circunstancias. Lo “límite” se nos muestra así como una dimensión de gravedad en cualquier trastorno de la personalidad, aunque suponga una estructura neurótica.
El término “límite”, cuando es utilizado por clínicos psicoanalíticos para denotar el nivel de severidad, tiene un sentido diferente de cómo se lo usa en el DSM, en el que sólo un tipo de organización límite (la manifestación más histriónica y dramática de este nivel de severidad) recibe el diagnóstico de TLP. Algunas investigaciones han identificado un tipo anaclítico, de paciente límite, afectivamente lábil y fuertemente dependiente, que se aproxima al TLP del DSM-IV así como a ciertas formas graves de trastorno histriónico de la personalidad. Frente a este sitúa un tipo introyectivo, tendente al estado sobre-ideacional, caracterizado por el aislamiento y el retraimiento social, que muy probablemente recibiría los diagnósticos DSM-IV de trastorno de la personalidad paranoide, esquizoide, u obsesivo.
Ahora bien, la sensación de ‘futilidad’ de los trastornos límite es una actitud de indolencia que el histérico puede adoptar en su múltiple representación de papeles. Cabrera Abreu (2002) dibuja una situación de gran proximidad entre ambos cuadros.  Desde posturas en apariencia tan contrapuestas como la psiquiatría biológica y la crítica feminista, se ha proclamado que los casos de trastorno límite de la personalidad “puros” son inexistentes y que la mayoría de las pacientes examinadas podrían ser diagnosticadas de síndrome de Briquet (uno de los trastornos clásicos en el espectro de la histeria). Es decir, se podría decir que el equivalente moderno de la histeria es el TLP. En conclusión, tal vez la histeria nunca ha desaparecido o se redescubre en forma de TLP.
Comparación entre el trastorno límite de la personalidad (TLP) y la personalidad histriónica (PH):
TLP
PH
1.     impulsividad
2.     relaciones intensas pero inestables
3.     enfado intenso e inadecuado
4.     trastorno de la identidad
5.     inestabilidad afectiva
6.     esfuerzos frenéticos para evitar el abandono
7.     amenazas de suicidio
8.     sentimientos crónicos de vacío y aburrimiento
1.     busca ser el centro de atención
2.     sexualmente seductor  o provocador
3.     expresión emocional superficial y rápidamente cambiante
4.     utiliza permanentemente el aspecto físico para llamar la atención sobre sí mismo
5.     autodramatización, teatralidad y exagerada expresión emocional
6.     Sugestionable

Resumimos en el cuadro los rasgos que habitualmente se atribuyen en los sistemas oficiales al TLP y a la PH. Con letra negrita intentamos subrayar aquellos rasgos que se podrían atribuir a uno y otro cuadro: TLP: [1, 2, 3, 5 y 6]; PH: [1, 3, 5 y 6]. Ahora bien, los trastornos de la identidad y los sentimientos crónicos de vacío y aburrimiento del límite no son imposibles de hallar en sujetos histéricos alterados o “deprimidos”, mientras que las amenazas de suicidio o automutilaciones son más exclusivas del TLP en la segunda parte de la frase, porque amenazas de suicidio como forma de manejo ambiental son frecuentes en histéricos graves. Frente a eso, hemos puesto en cursiva los dos rasgos que nos parecen más exclusivos de la PH  [2 y 4], con lo que queremos decir que si se nos presenta un paciente con comportamiento límite pero, al mismo tiempo, aparece seductor y provocador y utiliza su aspecto físico para llamar la atención, probablemente se trate de un histérico grave. Finalmente, a nuestro entender el rasgo 8 del TLP – sentimientos crónicos de vacío y aburrimiento –es bastante difícil de valorar y no es infrecuente en el histriónico que se queja del escaso interés de su vida. Finalmente, los trastornos de la identidad del TLP  son frecuentes en PH graves.
No me gustaría terminar este debate diagnóstico y terminológico sin afirmar que todo esto sólo se justifica si sirve para intentar comprender mejor a nuestros pacientes y comprendernos a nosotros mismos y, al mismo tiempo, pone en cuestionamiento la utilización de un esquema clasificatorio rígido. Sigo pensando que la diferenciación de patrones de personalidad es útil, siempre y cuando admitamos la extremada complejidad del asunto.

lunes, 5 de octubre de 2015

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Curso TPTR: Trastornos de Personalidad. Perspectiva Relacional 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line más 50 de trabajo práctico, y opción voluntaria a 12 horas presenciales).NOVEDAD 2015
Curso PIFB: Psicoterapia Intersubjetiva Focal Breve I (Nivel básico: Teoría y Técnica)- 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line más 50 de trabajo práctico, y opción voluntaria a 12 horas presenciales). VIGENTE 
Curso PIF2 - Psicoterapia Intersubjetiva Focal Breve - II (Nivel avanzado: práctica clínica) - 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line más 50 de trabajo práctico) NOVEDAD 2014 
Curso TXPR - Toxicomanías: Perspectiva Relacional / Abordaje psicoterapéutico - 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line más 50 de trabajo práctico) NOVEDAD 2014 
Curso MIPP: Metodología de investigación para el Psicoterapeuta Profesional - 6 créditos equivalentes a ECTS(100 horas on-line más 50 horas de trabajo práctico del alumno). VIGENTE 
Curso APCC: Aportaciones de la Psicoterapia Cognitivo-Constructivista- 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line, más 50 horas de trabajo práctico del alumno). CURSO EN REVISIÓN, SE OFERTARÁ DE NUEVO EN 2016/17
Curso BMSE: Bases del Modelo Sistémico y Epistemología de la Clínica-6 Créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line, más 50 horas de trabajo práctico del alumno, con opción voluntaria a sesiones presenciales no incluidas).VIGENTE 
Curso CCRT: Entrenamiento en el Método CCRT y CCRT-LU-S. Aplicaciones para la clínica y la investigación en Psicoterapia4 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line, de las que 25 son prácticas). Materiales  actualizados en 2013 
Curso IMDR: Introducción al Modelo Dinámico Relacional - 6 créditos equivalentes a ECTS-(100 horas on-line, más 50 horas de trabajo práctico del alumno, con opción voluntaria de 12 horas presenciales) VIGENTE 
Curso ITPP: Introducción a la técnica de la psicoterapia psicoanalítica6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line + 50 horas de trabajo del alumno con casuística) VIGENTE 
Curso TGSS: Teoría y Técnicas de Grupo para Servicios Sociales y de Salud 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line, más 34 horas de trabajo práctico del alumno y hasta 16 presenciales recomendadas en experiencia grupal intensiva) VIGENTE 
Curso PGTC: La Psicoterapia de Grupo como tratamiento combinado: Modelos y técnicas actuales 6 créditos equivalentes a ECTS (100 horas on-line de lecturas y trabajos tutelados para complementar y fundamentar la práctica grupal actual en el ámbito comunitario) VIGENTE 
Curso CEPP: Casuística ética para el psicoterapeuta profesional - 2 créditos equivalentes a ECTS (40 horas on-line de lecturas y trabajos tutelados para facilitar la reflexión y actuación ante los dilemas éticos del psicoterapeuta profesional). NOVEDAD 2014
Vea los enlaces web marcados en cada curso o solicite información a: gformacion@psicoterapiarelacional.es


sábado, 3 de octubre de 2015

AFECCIÓN NORMÓTICA, PERSONALIDAD NORMÓTICA Y NORMOPATÍA

El concepto de “normótico”  - introducido por Joyce McDougall (1978) y por Christopher Bollas (1987) con ligeras variantes - se está generalizando para referirse, según yo entiendo, a un ajustarse automático  y acrítico a la norma. Se habla de la atenuación y desaparición de la propia subjetividad, sustituida por un yo presentado como un objeto material más de intercambio en el libre mercado. Me parece, no obstante, que comparte campo semántico con otros términos que se han utilizado y se siguen utilizando, como: alienación, enajenación e inautenticidad. Alienación y enajenación traducen la Entfremdung de la teoría marxista, en tanto la autenticidad y su opuesto (Eigentlichkeit y Uneigentlichkeit) son los términos introducidos por Heidegger. En este ámbito hay que situar también las aportaciones de Winnicott sobre el “falso self” (1965), Helen Deutsch (1965) sobre la personalidad “como sí”, o el concepto de futilidad de Fairbairn (1940) sobre los trastornos esquizoides, a los que me he referido en varias ocasiones. Kohut (1984, p. 22) introduce el término “oquedad” (hollowness) en relación con las organizaciones encubiertamente psicóticas de la personalidad. Como se ve, se trata de un asunto que muchos han tratado (la lista se podría hacer interminable), cada uno a su manera, y a menudo sin tener en cuenta otras aportaciones pero que, por otra parte, quizá todavía está necesitado de profundización.
Erich Fromm (1974), hace años, hablaba de “conformidad automática” y ponía el ejemplo de los guardianes de campos de concentración que, cuando estaban a punto de llegar los aliados, decían no temer nada porque, al fin y al cabo, ellos lo único que habían hecho era obedecer órdenes. La explicación de Fromm es compatible con la banalidad del mal descrita por Hanna Arendt (1966). El mayor riesgo no es el malvado que conscientemente hace el mal sino el burócrata que actúa desde la futilidad de toda destrucción. Muchos rechazaron su tesis, sobre todo víctimas, porque no hay nada más destructivo que sufrir sin poder identificar un responsable consciente del daño que inflige.
Parte de las dificultades que surgen a la hora de definir este concepto proceden de que:
·        la frontera entre el falso yo y el yo verdadero, borrosa. Nadie puede afirmar estar ajeno a cualquier forma de impostura o falta de autenticidad.
·        la propia definición del yo, “objeto” proteico y huidizo, que siempre está donde no debe.
Todos somos inauténticos en algún punto, todos ocultamos en alguna medida nuestra angustia primitiva, psicótica, que yace en el fondo cenagoso. Todos estamos amenazados por la escisión de la soledad, peor que la muerte. Ante eso, lo mejor es, siguiendo el consejo de Hume, dedicarse a comer y beber con los amigos, es deseable poder añadir a la familia en ese círculo y, si no es suficiente, acudir a un terapeuta acogedor.

Arendt, H. (1963). Eichmann en Jerusalén. Sobre la banalidad del mal. Barcelona: Lumen, 1999.
Bollas, C (1987). La sombra del objeto: psicoanálisis de lo sabido no pensado. Buenos Aires: Amorrortu.
Deutsch, H. (1965). Some forms of emotional disturbance and their relationship to schizophrenia (“as if”). In Neuroses and Character Types. Nueva York: International University Press.
Fromm, E. (1974). Anatomía de la Destructividad Humana. México: Siglo XXI, 1975.
Kohut, H. (1984), How Does Analysis Cure? Chicago: University of Chicago Press.¿Cómo Cura el Análisis? Buenos Aires: Paidós, 1986.
McDougall, J. (1978). Plea for a measure of abnormality. Nueva York: International University Press.

Winnicott, D. W. (1965). "Ego distortion in terms of true and false self". In The Maturational Process and the Facilitating Environment: Studies in the Theory of Emotional Development (New York: International Universities Press, Inc. Los Procesos de Maduración en el Niño y el Ambiente Facilitador. Buenos Aires: Paidós, 1993.