jueves, 19 de marzo de 2015

SOBRE EL NACIMIENTO DEL SUJETO

Comentario al libro de F. Summers (2013). The Psychoanalytic Vision. The Experiencing subject, transcendence, and the therapeutic process. Nueva York: Routledge. Aparecido en la revista on-line Clínica e Investigación relacional. VOL.9 Nº 1 (2015)

La obra de Summers de la que voy a hablar a continuación, y no propiamente a resumir, se estructura en tres partes: teoría, clínica, y cultura y terapia. Muestra una extrema familiaridad con el pensamiento psicoanalítico contemporáneo y con la filosofía anticartesiana, sobre todo de Husserl y Heidegger, cuyos textos domina y cita en abundancia de manera pertinente.  Por ello es comprensible que proponga que el método de Freud era predominantemente hermenéutico, aunque desde el punto de vista teórico intentará fundamentar el psicoanálisis en la ciencia neurológica y la doctrina pulsional. Los prejuicios psicoanalíticos derivados de la teoría son muy difíciles de erradicar porque todo comportamiento del paciente que surja después de una interpretación, interpretación elaborada a partir de algún concepto teórico (el complejo de Edipo, la teoría de la represión, las explicaciones sobre la resistencia), será siempre explicado de acuerdo con el elemento teórico esgrimido.
En el primer capítulo se nos ponen ejemplos clínicos de este fenómeno que no pertenece en exclusiva al psicoanálisis clásico, freudiano o kleiniano. El error de esa postura no radica exclusivamente en un prejuicio teórico, dice Summers, sino en el propio supuesto de que el psicoanálisis posee un corpus de conocimientos, el error deductivista de que la evidencia se puede encontrar en el material clínico (pp. 10-11). Este error consiste en pensar que el “conocimiento” adquirido debe ser aplicado en todos los casos, lo que lleva a malentender la experiencia del paciente en el aquí y ahora. Frente a estos riesgos propone el psicoanálisis hermenéutico.
Los analistas hermenéuticos consideran que es la experiencia del paciente, y no la teoría del analista, la que debe dirigir el proceso:
La atención se centra en la revelación del significado individual mediante la aplicación de reglas interpretativas, en lugar de buscar un contenido concreto. En esta forma de interpretar dentro de la indagación analítica, la teoría es un heurístico que se utiliza para facilitar la comprensión de las vivencias del paciente, más que un corpus preestablecido de conocimientos. (p. 11)

Ferenczi, por ejemplo, aunque siguió utilizando la teoría de la libido, le dio un sentido amplio que le permitió atender a aspectos de sus pacientes que poco tenían que ver con los conflictos edípicos. Tanto él como su discípulo Balint opinaban que la disposición del analista a responder y acoger al paciente era un factor terapéutico de primer orden.
Los grandes analistas de diferentes orientaciones teóricas han sido capaces de superar en la situación concreta de la clínica sus supuestos teóricos, como Kohut o como Rosenfeld. En lugar de insistir en sus constructos teóricos, adaptaron la técnica a lo que estaban escuchando de sus pacientes, por ello la técnica de ambos puede coincidir en muchos aspectos, a pesar de sus grandes diferencias teóricas, desplazándose de una actitud interpretativa a otra más centrada en la contención y la acogida, al holding, tal como lo definió Winnicott. El proceso analítico, por tanto, se centra en las vivencias de paciente y analista, más que en la teoría del analista. Tal vez, se podría entender, la teoría es útil al analista para estructurar sus intervenciones, siempre que se halle dispuesto a modificarla de forma permanente o, incluso,  renunciar a ella cuando la cosa no funciona.  Este es el uso heurístico de la teoría al Summmers se refiere en este capítulo
El punto de vista del analista no tiene por qué ser necesariamente superior al del paciente. Por ejemplo, cuando el paciente pone sobre mi persona una imagen idealizada de alguien con grandes conocimientos acumulados me gusta responder que, indudablemente, llevo muchos años trabajando en la clínica y he leído muchos textos que me han resultado de ayuda, pero que la tarea terapéutica es de ambos y él o ella tiene que ser más experto que yo sobre su propia persona, por lo menos, y, añado, que cada terapia es diferente y exige de mí un nuevo aprendizaje. Pero nuestra “declaración de fe” relacional no nos libra del riesgo de adoptar una posición de dominio. Así, volviendo a Summers, leemos:
Aunque la teoría relacional ofrece una apertura teórica ante la experiencia del paciente, el riesgo está en que el acento en el uso de nuestra propia experiencia propicie la posibilidad de que dicha revelación y participación activa, en general, interfiera más en la propia autoexpresión vivencial del paciente de lo que ocurre en otras orientaciones teóricas. El riesgo no es la imposición teórica, como en otros enfoques, sino una intrusión de la propia vivencia del terapeuta. (p. 15)

El sujeto del análisis, concluye, es el sujeto en sus vivencias que incluyen todos los niveles conscientes e inconscientes. Este sujeto es la fuente de la verdad analítica y su árbitro.
Quizá la tesis más definitoria de este libro y de la postura teórico-práctica de Frank Summers se deriva de su definición de que el objeto del psicoanálisis no es la conducta ni ningún indicador observable de la misma, como afirma en el capítulo segundo, sino la experiencia del sujeto. Acusa a la psicología académica de “objetivismo”, por centrarse sólo en lo que puede ser medido, y establece en consecuencia una oposición objetivo/subjetivo a la que hace equivalente a mensurable/hermenéutico o mensurable/sentido. Los argumentos críticos hacia la cultura objetivista y sus peligros son ilustrados con ejemplos inspirados en la actualidad política y social. Conductas socialmente poco honradas por parte de grupos e instituciones, como aquellas que han dado origen a la gran crisis económica que aún padecemos.
En primer lugar, dice Summers, el principio de que la realidad es cantidad no se mantiene porque él mismo no es cuantificable. El argumento recuerda los que se han apoyado en el Tractatus (3.328) de Wittgenstein para criticar determinados usos de la “navaja de Occam”, según la cual los elementos de una teoría -o de un sistema de la lógica- no deben incrementarse sin necesidad. Si un signo no tiene uso tampoco tiene significado, pero la navaja de Occam se cancela a sí misma pues carece de significado, no se refiere a ninguna realidad externa al sistema de signos.
Posiblemente el recurso a Wittgenstein habría ayudado a plantear algunos de los problemas del psicoanálisis actual con mayor precisión y claridad, si bien la delimitación de campos que nos ofrece es correcta en lo esencial, apoyándose en filósofos como loa antes citados así como en numerosos autores analíticos. Por tomar el ejemplo reciente, la oposición mensurable/sentido es en gran medida engañosa. Frente a los defensores de la medida objetiva, que Summers critica con justicia, nada nos obliga a mantener que nuestro objeto de estudio sea subjetivo u oculto, sino que el sentido es público o no es. El sentido es tan objetivo como cualquier otra realidad, múltiple o probabilística, aunque no sea mensurable. Si seguimos el hilo de los ejemplos que sustentan su razonamiento, en cuanto a conductas deshonestas, se puede pensar que en cierta medida confunde “objetivista” con “materialista”, así en la página treinta utiliza la expresión “American materialist/objectivist/culture”. Pero de ese riesgo probablemente no esté libre por completo el psicoanálisis. Afirmar que el psicoanálisis se opone al objetivismo dominante en la época y la cultura actuales puede ser acertado. Pero sospecho que exagera un tanto cuando llega a decir (p. 28) que el analista se ha convertido en un guerrillero que intenta reafirmarse contra un enemigo que quiere destruir su esencia. Esto sólo lo podrán afirmar unos pocos profesionales, sobre todo, aunque no exclusivamente, aquellos que, psicoanalista o no, trabajan en centros comunitarios por un sueldo medio o bajo y no cobran directamente a los pacientes por sus servicios.
La responsividad que preconizaban tanto Fairbairn como Balint, que desde luego es un factor terapéutico de primer orden, no encaja de forma tan directa como parece sugerir Summers con la posición hermenéutica. Más bien se trata de una deducción teórica, frente a las que parece estar en contra, que se deriva de las teorías del apego y de concepciones como la “falta básica” de Balint o las necesidades evolutivas de Winnicott, a quien también cita. Es decir, si pensamos que el paciente requiere en la mayoría de los caso una acogida cálida que suponga una aceptación y satisfacción de necesidades evolutivas es porque la experiencia (también la investigación con bebés y niños pequeños) nos ha enseñado que estás necesidades se encuentran en la problemática relacional de muchos niños y adultos, en especial aquellos que acuden a nuestra consultas. (Sin embargo, qué pasa cuando la acogida que espera y necesita el paciente es de rivalidad y lucha).
Winnicott ocupa un lugar destacado en el pensamiento de Summers, como en la mayoría de los autores relacionales, al conceder un lugar significativo al desarrollo temprano del self para la comprensión del ser humano. Se nos recuerda la cita ya clásica: Cuando el bebé mira a la madre, lo que ve se relaciona con lo que la madre está viendo. Es la mirada de la madre la que permite el desarrollo equilibrado del bebé, como ha analizado Jessica Benjamin – a la que Summers cita - tan detenidamente y con tan buenos frutos. Pero añade:
Para que el bebé se encuentre en la mirada de la madre tiene que verla como un sujeto de experiencia (p. 34).
Conviene recoger aquí la frase de Summers en inglés:
For the baby to find herself in the mother’s gaze, she must see the mother as a subject of experience. [1]
En el juego hegeliano en el que Benjamin se encuentra – Winnicot quizá también de forma implícita -  la identidad del otro como sujeto es concedida por el que podríamos llamar “sujeto originario”: desde Descartes, “el yo”, aunque se trate de un “yo trascendental”. No llego a aceptar que el desarrollo de la identidad del bebé se elabore así, pues, bien mirado, siempre se trata de una concesión “de dentro afuera”. Somos llamados por nuestros hábitos de pensamiento a colocarnos en una posición, en el fondo muy artificial o patológica, para poder dudar de que quien te está cuidando sea un sujeto de experiencia. Lo es, por definición, desde el primer contacto, como una vivencia profunda y como transmisor del mismo concepto “sujeto de experiencia”. El rechazo que recibo de ese sujeto de experiencia es el que me hace dudar de mi propia identidad. Siempre es necesaria la presencia de ese sujeto “externo” para evitar la disolución de mi propio self, y ese sujeto, o sujetos, se encuentra reducido en número y calidad en las personalidades más deficitarias o primitivas y en las psicosis.
Siguiendo a Margaret Mahler,  se observa que a la edad de entre seis y nueve meses se produce la “diferenciación”, de la subfase de separación-individuación. El niño toma conciencia de que no puede controlar las idas y venidas de la madre y se ve forzado a admitir que la madre “tiene una mente propia” (“has a mind of her own”). Pienso que con esto se quiere decir que en ese momento el bebé descubre que su madre no está bajo su pleno control, pero las rabietas por no conseguir lo que quiere ya se han producido mucho antes (esa “frustración óptima” que tan brillantemente introdujo Kohut, gran experto en narcisismo). No es que el bebé dote a su madre de mente, como si le regalara una bola roja. El propio concepto de “mente individual” es una creación culturalmente dependiente y no un proceso natural como algunas descripciones evolutivas nos pueden hacer creer. Lo que ha cambiado, en realidad, ha sido la locomoción, el gateo. En ese momento se puede hacer evidente una construcción progresiva, y culturalmente condicionada, que se fundamenta en la fragilidad y la carencia. Yo necesito un yo – un otro dentro de mí – cuando me quedo solo. En cambio sí parece que estamos biológicamente condicionados a ver los ojos del otro que me miran como algo cautivador, que nos domina y nos da vida.
… este proceso no tiene que ver sólo con el desarrollo del self, es, al mismo tiempo, la fundamentación de una ética psicoanalítica basada en el reconocimiento y la apreciación de la subjetividad del otro, es decir, una ética que se funda en la empatía. (p. 35)

Uno de los máximos esfuerzos del psicoanálisis relacional se concentra en superar el círculo vicioso de la mente aislada, promulgando la empatía con la que se dota al “tú” de identidad. Pero, con ello seguimos sin librarnos del todo del egocentrismo cartesiano. Pues seguiría siendo el “yo” todopoderoso el que te dota a “ti”. Bien al contrario, con permiso de Lacan, el acto fundacional es la mirada del otro dotándome a mí de empatía.  Pues la empatía es el estado natural y lo patológico es su pérdida. Si ese flujo se interrumpe en una fase temprana, se producirá el estancamiento narcisista. En ese estancamiento deberé reconocerme precariamente a mí mismo y la cantidad y calidad de los “tú” será escasa.
La consideración de los fundamentos del psicoanálisis lleva a Summers, y a nosotros con él, al examen de las implicaciones éticas de nuestra postura. Su paciente John (pp. 39-40) se quejaba de un sentimiento de vacío, sin dirección ni propósito. Su intranquilidad le llevaba a violar los códigos morales para incrementar su sentimiento de excitación, pero con ello lo que conseguía era, bien al contrario, aumentar su vacío interior. Lo que intentó Summers fue hacerle aceptar progresivamente que sus comportamientos poco éticos eran la causa de su vacío y no la consecuencia. Es fácil para el inmoral,  plantea, racionalizar su conducta y negar que la transgresión tenga ningún coste. Pero el coste es un self deteriorado difícil de reparar. Ahora bien, no queda muy claro si está proponiendo una nueva moral o bien su esfuerzo va dirigido a reforzar la moral tradicional. ¿Qué pasa cuando la persona está enferma a causa de sus principios éticos? La escisión del self no solo se produce por la doble moral negadora de la inadecuación de la propia conducta, en un sentido “positivo”: aquello que me permito está bien. Sino también, incluso más a menudo, en un sentido “negativo”: no me permito aquello que está mal; cuando esa inhibición es negadora del propio desarrollo y plenitud (de estas cosas habló Nietzsche). En resumen, a veces la respuesta sana es la transgresiva. Esto que acabo de enunciar podría apoyarse en una idea del propio Summers expuesta con perspicacia más adelante (p. 98 y ss.) en cuanto a que debemos guiar nuestras indagaciones no sólo sobre lo que la persona es sino también, y muy importante, sobre lo que la persona no es, pero desearía ser o podría llegar a ser. El análisis no es una mera indagación del pasado sino una prospección del futuro.
Sin embargo, lo que nos ofrece ahora puede ser una solución moral un tanto ingenua (egocéntrica) cuando sugiere que:
El self que realiza sus capacidades es una fuente de empatía para los demás y de integridad. (…) no es preciso ningún recurso a la religión o a la monarquía para alcanzar lo correcto. La ética emerge del crecimiento del self. (p. 42)

Se inspira en Charles Taylor para proponer una ética individualista. Pero entiendo que la ética nunca es sólo del individuo, la decisión sí, y el último reducto de la decisión será individual, pero la decisión se toma siempre a partir de códigos establecidos. La religión no se espanta con un mero gesto pues hasta su rechazo implica una toma de posición religiosa. Por poner un ejemplo, el resto de esta obra es una defensa, a menudo brillante, de la nueva ética del psicoanálisis que consiste en tomar al paciente como persona y no como objeto de estudio inerte, desde un enfoque hermenéutico, en un plano de igualdad. Esta es una postura ética y ¿por qué no?  religiosa. Summers lo llama con gran acierto “movimiento romántico” en el psicoanálisis contemporáneo, a lo largo de la segunda parte, en la que cita A Eigen, Casement, Bion y muchos otros que han ayudado a concebir “lo inconsciente” como un adjetivo para calificar los procesos psíquicos, en tanto vivencias o experiencias. Se recomienda una actitud de “no conocimiento” (p. 53). La tentación de omnisciencia por parte del analista puede sofocar a la persona en la apertura de su indagación. Por ahí va la nueva “técnica” que se inició con la psicología del self.
No obstante, adoptar esta posición romántica es una decisión ética que no “inventa” propiamente nada, no surge espontáneamente del individuo analista sino que es una trasposición a la situación analítica de lo que realmente son nuestras relaciones interpersonales más satisfactorias, aquellas en las que el otro no es tomado como objeto sino como sujeto. Sospechamos que esta posición era la adoptada por los padres del psicoanálisis, aunque no siempre encontró adecuado reflejo en sus textos.
De principio a fin, Summers mantiene que el psicoanálisis ha pasado de ser un intento por explicar el psiquismo de forma positivista a convertirse en una ciencia de la subjetividad, tanto a nivel social como individual.



[1] Summers se refiere en este pasaje a “la” y utiliza predominantemente el femenino en sus exposiciones. El inglés se presta, no obstante, con mayor facilidad a este lenguaje no sexista. Pues, de entrada, no es habitual en castellano la expresión “la bebé”. Como hago en estas ocasiones, ruego disculpas por utilizar un modo de comunicación que en estos tiempos pueda ser tachado de discriminatorio, pero lo seguiré utilizando por cuanto creo firmemente que, por una parte, esa no es mi intención de fondo y que, por la otra, el reiterado uso del “ciudadanos y ciudadanas” puede estar ocultando imposturas acaso peores.

lunes, 16 de marzo de 2015

CHARLA EN YOUTUBE SOBRE FAIRBAIRN

Charla en ACIPPIA sobre la figura y obra de Ronald Fairbairn, el psicoanalista británico que abrió el camino a una nueva teoría pulsional, superando el modelo inicial de la búsqueda del placer y la descarga, un modelo en el que son prioritarios la relación y el encuentro con el objeto. La pulsión busca objetos más que satisfacción, diría Fairbairn, aproximándose a otros autores, como por ejemplo John Bowlby. Psimática ha grabado esta actividad, que se encuentra colgada en Youtube: https://www.youtube.com/playlist?list=PLu1mMFLqyDGh_niH9uFiqHwY0N_54nXhD

lunes, 9 de marzo de 2015

INFLUENCIA Y AUTONOMÍA EN PSICOANÁLISIS STEPHEN A. MITCHELL (2015; original de 1997). Prefacio a la edición castellana de Lewis Aron. Traducción castellana del Colectivo GRITA bajo la coordinación de Carlos Rodríguez Sutil. AGORA RELACIONAL Editores - Colección Pensamiento Relacional nº 13 ISBN 978-84-942559-1-5 Descargue la Ficha informativa Thomas H. Ogden, en 1997, al aparecer esta obra dijo de ella: “Stephen Mitchell, uno de los teóricos y clínicos analíticos más originales e interesantes de los que escriben en este momento, se distingue en Influencia y Autonomía en Psicoanálisis, como uno de los mejores profesores actuales de la teoría y práctica del psicoanálisis. No tiene igual en la amplitud y la profundidad de su comprensión del movimiento, la, interacción, y la dirección de las ideas que constituyen el pensamiento psicoanalítico contemporáneo. En las manos de Mitchell, la creatividad y espontaneidad por parte del analista convive cómodamente con la escucha atenta y rigurosa, la observación y el pensamiento. Este libro es un aporte maravilloso que marcará el comienzo del segundo siglo de la práctica del psicoanálisis” Stephen A. Mitchell (1946-2000) fue un pensador creativo, original, flexible, que creó espacios de diálogo y convergencia entre las diferentes corrientes del psicoanálisis contemporáneo, incitó a repensar sus bases conceptuales y su práctica clínica, efectuó replanteamientos cruciales para re-organizar el conocimiento de la subjetividad humana, y abrió caminos que muchos otros analistas, herederos intelectuales de Freud, siguen explorando actualmente. Sus obras representan hitos de innovación en la clínica: Relaciones de Objeto en la Teoría Psicoanalítica (Greenberg y Mitchell, 1983) donde se sustancia el giro del predominio del modelo pulsional a un modelo relacional; Conceptos relacionales en psicoanálisis: una integración (1988) donde expondrá su modelo del conflicto relacional y la integración entre las perspectivas de Fairbairn y Sullivan; que vienen seguidas de Esperanza y temor en psicoanálisis (1993); Influencia y autonomía en psicoanálisis (1997); Relacionalidad: Del apego a la intersubjetividad (2000) y su obra póstuma ¿Puede el amor durar? El destino del “romance” en nuestro tiempo (2002), a las que se unen una amplia variedad de trabajos y un celebrado ensayo de revisión: Más allá de Freud: Una historia del pensamiento psicoanalítico moderno (Mitchell y Black, 1995).

sábado, 7 de febrero de 2015

Nueva Temporada de Cursos On-line

Os recordamos que la nueva temporada de Cursos On-line está a punto de comenzar (del 15 de Febrero al 30 de Mayo de 2015). 
En vuestra condición de alumnos inscritos en estudios on-line, queremos aprovechar esta ocasión para sugeriros que elijáis  los cursos que más os interesen de los que aún no hayáis realizado, según vuestra situación y posibilidades. Además os anunciamos que, desde Junio de 2014, contamos con tres nuevos cursos que, esperamos, os resulten enriquecedores en vuestra formación (los encontraréis a continuación resaltados en color rojo):
Para quienes ya han cursado el anterior, o  ya tienen formación en grupos, puede solicitarse una segunda parte del anterior “La Psicoterapia de Grupo como tratamiento combinado: Modelos y técnicas actuales” (Acreditado con 12,8 créditos  por la CFC de las Prof. Sanitarias de la C.A.M.). Para matricularse en este curso envíe previamente un correo a agora@psicoterapiarelacional.es ] La información está en: http://www.psicoterapiarelacional.es/CAMPUSONLINE/PsicoterapiadeGrupoTratamientocombinado.aspx
CURSOS METODOLÓGICOS
Ya sabéis que estos cursos forman parte de nuestro sistema modular del Máster en Psicoterapia Relacional (Especialista en Psicoterapia Psicoanalítica Relacional / Especialista en Psicoterapia Sistémica), pero también podéis cursarlos de forma totalmente independiente. Además cuentan con acreditaciones de formación continua para Psicólogos Clínicos y Médicos.
El periodo de matriculación ya está abierto. Podréis inscribiros hasta el día 14 de Febrero.
Para cualquier duda no dudéis en contactarnos a través del correo electrónico gformacion@psicoterapiarelacional.com o por teléfono, de Lunes a Viernes, de 10:00 a 14:00. Estamos a vuestra entera disposición.
Un afectuoso saludo a todos.
AGORA RELACIONAL
Coordinadora de Gestión de Formación: Ángela Izquierdo Jiménez
gformacion@psicoterapiarelacional.com
Alberto Aguilera, 10 – Escalera Izquierda – 1º
28015-MADRID
Teléfono (+34) 915919006 – Fax 91-4457333

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jueves, 25 de diciembre de 2014

FELICES FIESTAS Y FELIZ 2015

Para despedir el año os presento un paisaje que pinté hace un tiempo, inspirado en una vista de Marrakesh. En la parte de la derecha, en verde, aparece un autorretrato mío de hace unos 42 años. Después no lo he vuelto a intentar.

¡¡FELICES FIESTAS Y FELIZ 2015!!

viernes, 19 de diciembre de 2014

¿ES EL PSICOANÁLISIS RELACIONAL UN NUEVO PARADIGMA?

Presento a continuación unas reflexiones que me han surgido a raíz del reciente seminario IARPP en español, Psicoterapia, Psicoanálisis y Psicoanálisis Relacional, que he tenido el honor de coordinar con el colega chileno, André Sassenfeld. En el se comentó en extenso el artículo de Joan Coderch (2012). Psicoanálisis Relacional de Frecuencia Semanal y Larga Duración (PRSLD). Bases teóricas y clínicas. Clínica e Investigación Relacional, 6 (3), 468-514. Como ocurre casi siempre en este tipo de debates, no se puede decir que hayamos alcanzado conclusiones definitivas, pero sí quizá nos ha permitido ver con mayor claridad algunos aspectos. Muchas veces una pregunta no es fecunda porque se responda sino porque permite ver otras preguntas, otras cuestiones que antes se nos escapaban. Otras veces, en cambio, descubrimos que la pregunta estaba más planteada y se “disuelve”. Creo que la pregunta por la diferencia entre enfoque relacional y enfoque clásico está bien planteada aunque no se haya resuelto de forma plena. No obstante, se comprende perfectamente el malestar que provoca el debate sobre si el psicoanálisis relacional es psicoanálisis o no, porque dicho argumento ha sido esgrimido a lo largo de la historia con la actitud de discriminación y desprecio hacia muchos colegas, frecuentemente, los más innovadores o clarividentes. No obstante, es un debate inevitable y que puede ser fructífero si se plantea sin acidez y sin intentar descalificar a nadie. Parece conveniente dejar de tener a Freud como centro ineludible de toda exposición teórica pero todavía es pronto para desatender sus enseñanzas, sobre todo desde la clínica. Con todas las críticas que queramos añadir, él fue el primero en decidir que era necesario escuchar lo que el paciente tenía que decir, en una época en la que el recurso de la medicina a las explicaciones puramente biológicas era incuestionable. Por lo demás: lo que no es tradición es plagio, que decía Eugenio D’Ors. Las diferencias entre relacionales y clásicos no sean irreconciliables, ni la comunicación entre ambos “grupos” se ha vuelto imposible porque hablen lenguajes diferentes. El debate sobre la comunicación entre paradigmas y, en el fondo, sobre la traducción de un idioma a otro, se ha repetido en la filosofía de la ciencia (Kuhn, Lakatos, Feyerabend) y en la lingüística desde los años sesenta del pasado siglo hasta ahora. Pero la traducción siempre es posible y a ella debemos dedicar nuestros esfuerzos. En definitiva, cuando la gente se quiere entender se entiende, salvo que se entrometan en el diálogo intereses bastardos y rencillas, que a veces los hay, reforzadores del “narcisismo de las pequeñas diferencias”. Freud, defensor del psicoanálisis como investigación científica, y Ferenczi, que consideraba el análisis como una terapia esencialmente buscadora de la sanación, se entendieron durante muchos años. Y fue solo al final, al inicio de los años treinta, cuando las diferencias personales se entrometieron en esa amistad y prácticamente la rompieron. Se puede alcanzar un diálogo interdisciplinario entre dos maneras de abordar la comprensión del sujeto, creando una nueva conexión, gracias a la conversación entre teorías que históricamente eran antagónicas. Decir "paradigma relacional” puede sonar diferente de decir “giro relacional”, ya que el uso de las palabras implica posiciones subjetivas. Pero tampoco están tan separadas: no hay paradigma si primero no hay giro. Yo prefiero hablar de “paradigma”, pero ese paradigma debe ser pragmático y flexible, no dogmático. La revolución permanente, el giro permanente, también cansa y los que ya no vamos para jóvenes preferimos los cambios que se producen despacito. El riesgo de caer en una construcción cartesiana de mente aislada se supera siempre que nos aproximemos al proceso de mentalización como un fenómeno en el que están implicadas dos o más personas. Por ejemplo, en el terrible film, por su capacidad de cercanía, American History X, el protagonista – un inspiradísimo Edward Norton - no abandona su extremo racismo por argumentos o razonamientos. Cuando se produce la “mentalización” es debido a la convivencia. Las viñetas clínicas que incluye el artículo de Coderch deben entenderse como buen ejemplo de esto. La muchacha que oía a veces al demonio evoluciona de manera muy positiva porque aumenta su capacidad de mentalización, pero también podríamos afirmar que esa capacidad es resultado de la formación de una intersubjetividad: Con frecuencia, me preguntaba, si sólo era ella la que deseaba saber de mí, o si yo también deseaba saber de ella. Ahora puedo dar un nombre a esta situación diciendo que los dos estábamos intentando crear una intersubjetividad en la que cada uno de nosotros trataba de reconocer al otro como sujeto y, a la vez, obtener el propio reconocimiento a través del otro.(p. 503) En definitiva, toda descripción e intento de comprensión en psicoanálisis relacional sólo podrá ser válido si cumple la función de ser dialéctico, en el profundo sentido de “dialógico”, incluso concibiendo la posibilidad de un diálogo sin palabras. Me gusta también mucho la anécdota de Bion que leí recientemente en el libro de Michael Eigen (2014), “Locura, Fe y Transformación”. Bion, dice Eigen, no era un conferenciante habitual. No usaba notas, no leía los artículos. Sólo se sentaba y hablaba unos veinte o treinta minutos y luego respondía a las preguntas. Una noche alguien le preguntó ¿Nunca usa la teoría psicoanalítica?¿Nunca usa la teoría freudiana?¿Nunca usa la interpretación psicoanalítica? Y él dijo, “Gracias a Dios por Freud, él es genial cuando usted está cansado”. Y ya para terminar, quiero decir que mi experiencia personal de muchos años me muestra que me he podido entender y trabajar en equipo con muchos colegas psicoanalíticos así como de otras orientaciones totalmente divergentes del psicoanálisis, así como con psiquiatras que se ocupaban de los aspectos más biológicos del tratamiento. Con otros, en cambio, me he entendido solo con grandes dificultades. Mi conclusión es que la persona está por encima del paradigma, y que quien deja de sentir así se convierte en alguien dogmático y con frecuencia dañino. En nuestro mundo confuso, no obstante, los dogmas dan fuerza.

domingo, 16 de noviembre de 2014

II SEMINARIO WEB ESPAÑOL DICIEMBRE 2014/ ANDRÉ SASSENFELD Y CARLOS RODRIGUEZ SUTIL

II SEMINARIO WEB EN ESPAÑOL DICIEMBRE 2014. CARLOS RODRIGUEZ SUTIL IARPP ESPAÑA Y ANDRÉ SASSENFELD PRESIDENTE DEL DIRECTORIO IARPP CHILE Y BOARD IARPP INTERNATIONAL 
Clase magistral André Sassenfeld
André Sassenfeld IARPP-Chile
André Sassenfeld J. es psicólogo clínico (U. de Chile) y psicoterapeuta de adultos en práctica privada. Está acreditado como especialista en psicoterapia por la Comisión Nacional de Acreditación de Psicólogos Clínicos. Tiene un grado de magíster en psicología analítica jungiana (U. Adolfo Ibáñez). Ha realizado docencia de pre- y postgrado en varias universidades nacionales y es actualmente docente de postgrado en la Universidad de Chile. Es sub-editor internacional de la Gaceta de Psiquiatría Universitaria y corresponsal en Chile para la revista relacional española Clínica e Investigación Relacional.
Es miembro de la International Association for Relational Psychoanalysis and Psychotherapy (IARPP) y del comité ejecutivo de IARPP-Chile. Es co-creador y docente del Centro de Estudios en Psicoterapia Relacional Corporal (www.cuerporelacional.cl) que realiza, entre otras cosas, actividades de formación de postítulo y talleres para psicólogos clínicos interesados en desarrollar una psicoterapia relacional orientada al cuerpo y la corporalidad.
Además de sus diversas publicaciones nacionales e internacionales, es autor de los libros Interacción psicoterapéutica y psicología analítica jungiana: Una mirada sobre los procesos relacionales implícitos y El desarrollo humano en la psicología analítica jungiana: Teoría e implicancias clínicas (ambos en Editorial Académica Española, 2012). También es autor del libro “Principios Clínicos de la Psicoterapia Relacional” (2012).





Carlos Rodríguez Sutil IARPP-España



Doctor en Psicología y Psicólogo-Especialista en Psicología Clínica. Psicoterapeuta. Miembro Capítulo Español IARPP. Nace en Madrid en 1956. Co-Fundador y Presidente del INSTITUTO DE PSICOTERAPIA RELACIONAL. Co-Fundador y Miembro de la Junta Directiva (Secretario) de IARPP España (Sección Española de la Asociación Internacional para la Psicoterapia y el Psicoanálisis Relacional). Miembro del grupo de estudio e investigación: GRITA (Grupo de investigación de la Técnica Analítica). Ha publicado una amplia variedad de trabajos, libros y artículos. Entre sus libros destacan dos escritos, el primero publicado el 2010 y el segundo  publicado recientemente este año.


INTRODUCCIÓN A LA OBRA DE RONALD FAIRBAIN. LOS ORIGENES DEL PSICOANALISIS RELACIONAL. CARLOS RODRIGUEZ SUTIL (2010). AGORA RELACIONAL  EDITORES. COLECCIÓN PENSAMIENTO RELACIONAL 
1ISBN 978-84-942559-0-8. PROLOGO RAMÓN RIERA  


PSICOPATOLOGÍA PSICOANALÍTICA RELACIONAL. LA PERSONA EN RELACIÓN Y SUS PROBLEMAS. CARLOS RODRÍGUEZ SUTIL (2014). AGORA RELACIONAL EDITORES COLECCIÓN PENSAMIENTO RELACIONAL
Nº12ISBN 978-84-942559-0-8. PROLOGO JOAN CODERCH  

RESEÑA 
Psicopatología Psicoanalítica Relacional. La persona en relación y sus problemas es fruto de más de treinta años de experiencia en la clínica de orientación psicoanalítica y en la meditación epistemológica desde el marco relacional. Pretende ofrecer, en ese sentido, una psicopatología psicoanalítica que aspire al mismo tiempo a ser relacional. Después de Freud, el punto histórico de referencia hay que situarlo, sin duda, en los años cuarenta, con la teoría de las relaciones objetales como primer paso hacia una epistemología intersubjetiva y externalista; de una concepción de la mente constituida por impulsos y defensas a una mente de configuraciones relacionales, que perfilaron autores como Sullivan, Fairbairn y Winnicott, entre otros. Los desarrollos actuales del psicoanálisis relacional se muestran, no obstante, ajenos, cuando no contrarios, a la clasificación y la técnica, en sus formas clásicas, por lo que una psicopatología psicoanalítica relacional puede parecer una contradicción. La paradoja se resuelve partiendo del supuesto de que el sufrimiento se expresa no al modo de cuadros fijos, sino a través de los estilos relacionales que constituyen la personalidad, en conexión dialéctica con los otros miembros de la constelación relacional, cada uno con sus estilos propios, y también en la relación con el terapeuta. Dice Joan Coderch en su prólogo: “Uno de los mayores méritos de la obra que estoy comentando es el de que nos obliga a pensar y a plantearnos cuestiones que muchos de los analistas relacionales, si no la mayoría, dábamos por resueltas. Esto lo hemos visto desde el principio, con el mismo título que marca el contenido del libro, y sigue, entre otros asuntos, con algo que, realmente, nos interesa a todos, el tema de la técnica”
Para saber más ir a http://www.psicoterapiarelacional.es/Default.aspx