lunes, 21 de julio de 2014

COMENTARIO AL LIBRO DE MICHAEL EIGEN: LOCURA, FE Y TRANSFORMACIÓN

Incluyo a continuación mi comentario al libro de Michael Eigen (2014), Locura, Fe y Transformación. Los Seminarios de EIgen en Seúl, 2007 y 2009. Madrid: Ágora Relacional.

Este comentario ha sido publicado en la Revista on-line, Clínica e Investigación Relacional (VOL.8 Nº 2 pp. 541-551 (2014) ). 



Todavía con la agradable resaca de las pasadas Jornadas Ibéricas en Cáceres, de mayo, dedicadas al diálogo con Michael Eigen, me permito presentar este comentario sobre su libro, traducido y prologado por nuestro colega Juan José Martínez Ibáñez, y que se publicó con ocasión de su visita a nuestro país. Con esta obra se continúa la labor de la editorial Ágora Relacional, y de su director, Alejandro Ávila, de poner al alcance de los profesionales cercanos, y del público especializado en general, las obras y autores principales del enfoque, en su colección “Pensamiento Relacional”.
Como nos informa Martínez Ibáñez, Eigen es un psicoanalista que trabaja en Nueva York y que ha publicado más de 22 libros. No se disponía hasta la fecha de ninguno de ellos en castellano, por lo que es una pequeña compensación que aparezca este volumen compendiando dos publicaciones. El origen son dos seminarios impartidos en la capital de Corea del Sur.
Michael Eigen es un clásico contemporáneo que hace gala de una profunda experiencia clínica con pacientes que sufren graves trastornos, y un bagaje teórico más que notable que se apoya en dos pilares centrales: Winnicott y Bion; manteniendo los ecos, quizá ya algo lejanos, de Lacan. Martínez Ibáñez está en lo cierto cuando sugiere que es alguien muy humano, sensible a la realidad y, sobre todo, a la realidad de los demás.
Menos que otras veces puede pretenderse un resumen de este libro que recoge las ocurrencias clínicas producidas por nuestro autor en una serie de días, bajo el estímulo de una audiencia diversa de terapeutas, y a partir de sus preguntas. Sí intentaré ofrecer no obstante, como es habitual, el comentario de algunas ideas que han llamado mi atención por diversas razones y que en mi opinión sintetizan aspectos esenciales de su pensamiento. De entrada, para aproximarnos al tipo de inspiración que sigue Eigen una buena muestra puede ser la frase que parece ser cambió su vida (p. 94), tomada de un libro de Thomas Merton, y que dice así:

“El secreto de nuestra identidad, está en la misericordia divina de Dios”



Este libro quizá se entienda – o se explique - mejor empezándolo casi al revés, por la primera sesión del capítulo tercero de su segunda parte, donde se lee:

Cuando yo quise ser un analista y entré en el mundo psicoanalítico, me di cuenta de que muchos analistas pretendían saber algo que ellos no sabían. Ellos sabían de esto y de eso. Ellos conocían el Edipo, tenían un gran conocimiento en sí mismo. Ellos sabían mucho de una manera real. Pero con los pacientes, ellos fingían saber lo que ellos no sabían. Ellos fingían saber Algo, pero se estaban reconciliando. Ellos se reconciliaban a medida que avanzaban y fingían saber. (p. 257)

Theodore Reik llegó a los Estados Unidos y fue rechazado, a comienzos de los años cuarenta, como miembro de la sociedad psicoanalítica por no ser médico. Freud había escrito en 1926 su famoso artículo sobre el análisis profano en defensa de Reik y de aquellos analistas que no tenían una formación médica, argumentando que los estudios sobre humanidades, literatura, mitología, están más cerca del psiquismo humano que la propia medicina. Este sesgo médico del psicoanálisis norteamericano condicionó una concepción del psicoanálisis como una práctica de un analista que conoce, que sabe frente a un paciente ignorante de su propio padecimiento. Concepción poco propicia al modo de sentir relacional, y del propio Eigen, de que la terapia es una búsqueda y una experiencia común. Dicho sea de paso, ignoro si Eigen se considera a sí mismo como integrante del movimiento relacional, e incluso si esto tiene alguna importancia.
En la parte primera del libro comienza revisando algunos conceptos tradicionales básicos. El yo en Freud es un agente doble, tiene un origen alucinatorio pero se ocupa de percibir la realidad. Esta es una paradoja que nadie ha resuelto. El superyó en cambio es considerado por muchos psicoanalistas como una instancia que con facilidad se vuelve loca y se enfrenta o persigue al resto de la personalidad. Ahora bien, en realidad, las tres instancias están locas, cada una a su manera. La psicología que describe Freud es una psicología de guerra, bajo la presión abrumadora de la pulsión de muerte. Si el misticismo judío habla de una buena y de una mala inclinación, el psicoanálisis parece ocuparse de la mala inclinación, sobre todo a partir de Melanie Klein. La posición depresiva de Klein es una forma de defenderse de la ansiedad persecutoria y de la ansiedad de aniquilación; para ella y para Freud la depresión parece un modo autopersecutorio de defensa.

Eigen observa el yo como una realidad que tiende de forma permanente a dispersarse:

“Cuanto más trato de pelear para preservar mi pequeño yo, lo poco que puedo sentir, a mi pequeña isla de sentimientos, a mi pequeña vitalidad, la psique consigue más y más dispersarla hasta un punto donde comienzo a sentir la falta de vida alrededor y dentro de mí y ahora tengo que pelear para sacarla también” (pp. 37-38)

A propósito de esto, sabemos que aparte de Freud, Melanie Klein y algunos de sus seguidores, y de Fairbairn, la mayoría de los autores no se inclinan por la existencia de un yo definido y unitario desde los orígenes del psiquismo. A favor de un estado inicial indiferenciado o disociado parecen agruparse autores tan dispares como Winnicott, Kohut Jacobson, Kernberg, posiblemente los psicoanalistas relacionales en general y, podemos comprobar, el propio Eigen: “Yo podría decir que el yo comienza con la disociación, si uno pudiera hablar acerca del yo en ese momento. Uno puede decir que el yo tiene mucha más fluidez antes de que se organice una defensa paranoide firme” (p. 39). Argumento a mi entender totalmente justificado, pues para que haya un temor al daño exterior o a la fragmentación esquizoide, debe existir ya una noción de unidad por muy frágil que sea.
En cuanto a la pregunta típica, expresada en términos kleinianos, de si la buena evolución terapéutica consiste en pasar del funcionamiento de la posición esquizoparanoide al de la posición depresiva, la respuesta que Eigen suministra es tajante: “... usted no puede y no debe tratar de convertir a alguien en alguien que no es” (p.41). Siente que a lo largo de su vida él se ha convertido en un niño mejor, en un niño más completo, pero no en un niño maduro. Sin embargo, dirá unas páginas después, el grito del bebé no desaparece de nuestro interior, nos acompaña toda la vida seamos quienes seamos.
En el capítulo 2 de la primera parte se comienza anunciando a Winnicott y a Bion, los dos autores, hemos advertido, de permanente referencia en los textos y comunicaciones de Eigen. No es que sean los únicos citados, pues la cultura psicoanalítica - y filosófica y religiosa - de nuestro autor es amplísima, pero sí es a ellos a los que se remite, de forma crítica, salvo raras excepciones, cuando de un aspecto clínico se trata.  Son autores que le hablan. También parecen hablarle algunos filósofos de cierta inspiración mística, como Buber, Levinas y, también, Wittgenstein. No vale la pena, añade, perder el tiempo con algo que no te habla. Lee lo que es bueno para ti y olvida el resto (cf. p.73). Y, habría que añadir, lee de forma razonada. En lugar de cursos de lectura rápida, el poeta Robert Frost pretendía dar un curso de cómo leer lentamente (cf. p. 94).

Entre las precisiones que esgrime sobre Winnicott, está que el falso self y el self verdadero no deben entenderse en realidad como conceptos dicotómicos sino que son un continuo o, por mejor decir, que en realidad está todo mezclado. Son muchas las observaciones penetrantes entresacadas del gran pediatra y psicoanalista inglés con las que nos topamos en estos seminarios. Ahora me detendré en la magnífica y sugerente descripción de la madre suficientemente buena, como aquella que se protege de la agresividad del bebé, pero no le hace sentir mal por estar vivo (cf. p. 100). Es aquella que siente placer porque su bebé esté bien, “vivo y golpeando”, sin transmitirle la imagen moralista de que pegar es malo. Posiblemente de triunfar esta filosofía positiva, antimoralista, pienso que se produciría una drástica reducción de las prescripciones farmacológicas contra el TDAH, tan de moda. Esto no significa que el niño crezca sin límites. Decir “no” es una función autoprotectora muy importante, un buen “no” es mejor que un mal “sí” (cf. p. 103).
El diálogo con la audiencia recorre aspectos que desbordan ampliamente el estrecho margen de la consulta analítica, si no fuera porque todos ellos impregnan nuestra vivencia cotidiana. Pondré un ejemplo que me ha resultado llamativo, y que está en la respuesta a una pregunta de los asistentes (p. 52 y ss.). Se trata del interesante asunto de que la época que vivimos - y opino que esto no es endémico de los Estados Unidos -, es una época psicopática. No importa lo que le ocurra a los otros siempre que yo sea el ganador y alcance el mayor poderío económico. Pone como ejemplo la forma más que oscura en la que el presidente Bush logró su primer mandato, apoyado por los medios de comunicación y en cuestionables decisiones judiciales, en medio de una atmósfera psicopática:

Uno de los mecanismos que ellos usan para mantener a la población bajo sus manipulaciones psicopáticas, es la manipulación psicopática de las ansiedades psicóticas. Ellos se mantienen agitando miedos catastróficos, ansiedades psicóticas, ansiedades de aniquilación, y manipulan estas ansiedades con el fin de mantener el poder. Esto funciona para el 40 % de la población, y el otro 60 % de la población son como liliputienses golpeando a un gigante muy grande. Es como estar en una habitación insonorizada donde uno no puede oír su propia voz o tener un efecto sobre el sistema, porque el sistema está actualmente en ascenso. (p. 55)


Describe un mundo en muchos puntos semejante al 1984 de Orwell, y ante esto el budismo zen y el psicoanálisis, y quizá todos los sistemas de pensamiento no suelen tener una respuesta. Una opción es gritar. Gritar y Gritar. La terapia del “grito primal” le vino bien, al principio. Pero después se adhirió a la idea de Winnicott. No basta con gritar, hay que entrar en contacto con el grito que se tiene dentro. Otra estrategia probada de tratamiento fue la inducción del sueño: “Una forma paradójica de pensar: soñar hace que la vida sea real, hace una realidad real” (p. 59). Pero un grito, del bebé, puede ser similar a un sueño. Los gritos continúan en el sueño. Nosotros digerimos la realidad mediante el sueño, las cosas se vuelven reales al soñarlas. A  través del sueño el grito puede encontrar su expresión. El grito fallido es el que nos tiene postrados. Ese grito se convierte en fallido cuando ya no ha encontrado la respuesta de la madre, deja de ser audible: “Algunas personas se sienten invisibles, se sienten inaudibles, no pueden ser oídas y no pueden oírse a sí mismas. En la terapia, el grito perdido tiene una oportunidad de emerger” (p. 62).
Contiene una crítica perspicaz es a la sobrevaloración de la actividad en psicoanálisis (p. 65 y ss.). La libido es activa, como la razón activa, el Dios de Aristóteles. Lo pasivo en psicoanálisis ha estado durante mucho tiempo asociado con lo inferior, con el miedo. Eigen no lo dice aquí pero supongo que no está lejos de la idea de que la libido es masculina porque es activa, aunque esté presente en la mujer. El budismo - cita las enseñanzas de Suzuki - descubre a la mente occidental que lo pasivo no está inerte, sino vivo y alerta. Pero la pasividad está devaluada en nuestra sociedad por la actividad. El psicoanálisis, por su parte, es una teoría hiperactiva; aún si es pasivo es activo (cf. p. 175).
El trabajo del psicoanálisis, según Freud, era hacer consciente lo inconsciente. Para Bion lo realmente importante es cómo convertir en inconsciente lo consciente, contactar con el mundo. Esto me ayuda a concretar una idea surgida de mi experiencia clínica reciente. Muchas veces lo que el paciente debe lograr no es aprender una habilidad nueva, puesto que la capacidad está ahí, en el fondo, oculta. Lo que tenemos que lograr a veces es “desaprender”, olvidar o dejar de usar algo que tenemos muy presente y no obligatoriamente recordando algo que se halla en lo inconsciente.
Al hilo de eso, y tomando de nuevo una idea de Winnicott que se desarrolla poco después, es preciso evitar que el paciente sienta vergüenza o culpa por su dependencia. Es evidente que la terapia constituye una situación de cierta dependencia en la que el paciente tiene que aprender a crecer, y en la que la dependencia también crece con el tiempo, pero para ser usada. Uno proporciona la atmósfera de acogida y dependencia en la que las interpretaciones no son realmente lo más importante, parecen ser algo más para el analista que para el paciente. Gradualmente algo ocurre y el paciente crece, y nosotros con él.
Eigen es terapeuta de psicóticos. Esto que puede parecer una afirmación simple entraña una multitud de implicaciones, muchas positivas, todas enigmáticas. Quizá, sugiero, la mente que se dispone a ayudar al psicótico en su extremo sufrimiento debe ella misma buscar las raíces de la locura en sí misma. En nuestro autor parece que esto se resuelve recurriendo a la mística, a la que no dejaremos de volver en lo sucesivo. Para entender la lógica psicótica permítaseme citar en extenso el siguiente párrafo:

En la lógica psíquica en el modo psicótico, algo medio vacío significa más que totalmente vacío.
No del todo lleno, es equivalente a completamente vacío, nada de nada es menos que nada. Pues no es solamente nada, nada está bien, nada es fácil. Sino una nada hostil, furiosa, malévola, una nada insultantemente devastadora. El paciente se siente insultado. Y el insulto, inmediatamente, se transforma en algo devastador. En lugar de ser insultado, él es devastado.(...) En el registro psicótico, tales golpes e insultos, reales o imaginados, precipitan la devastación total, el invierno negro para siempre. El insulto percibido es igual a la agresión, es igual a la devastación. La experiencia le da una negatividad infinita. Menos que todo es igual a menos que nada. Y menos que nada es infinitamente peor que nada. (p. 81)

Siguiendo a Bion comenta que, cuando se logra atribuir un significado al discurso psicótico (“mítico, cósmico, transpersonal”) ese significado está siempre ensombrecido por la catástrofe. Algo que no se simboliza sino que se señala. El psicótico no se puede comunicar - por “símbolos” convencionales me gustaría decir - sino que manifiesta su catástrofe: “El lenguaje del psicótico es como un SOS en marcha” (p.84).
Un asunto importante en Bion  es el de la supervivencia a nuestros propios asesinatos (véase pp. 114 y ss.). No es que los asesinatos sean una cosa buena, pero forman parte de lo que somos. Matamos psíquicamente al otro, advierte Eigen; somos asesinos. Si vas a tener una relación con alguien te tienes que preparar a que te asesinen y el truco es estar bien después de que te hayan asesinado (Winnicott habría dicho “sobrevivir a la destrucción”). Este es un regreso a la madre suficientemente buena. Aquella que se recupera de la destrucción de su bebé. Para Bion el asesinato es parte del nacimiento psíquico y del crecimiento. Y, a propósito de Bion, la anécdota siguiente brilla de forma casi cegadora:

Él no era un conferenciante habitual. No usaba notas, no leía los artículos. Sólo se sentaba y hablaba acerca de veinte o treinta minutos y luego respondía a las preguntas. Una noche alguien le preguntó ¿Nunca usa la teoría psicoanalítica?¿Nunca usa la teoría freudiana?¿Nunca usa la interpretación psicoanalítica? Y él dijo, “Gracias a Dios por Freud, él es genial cuando usted está cansado”.

Me apetece aportar a modo de moraleja: Que las teorías que estudiamos y amamos nunca nos impidan pensar.
La teoría también puede ser un instrumento con el que nos deshacemos de los pacientes molestos. Creamos situaciones en las que no se pueden quedar  (p. 130 y ss.).  Creamos dependencia en el paciente y luego no le dejamos crecer, porque no podemos apoyar ese crecimiento o porque nos faltan recursos. Eigen aconseja que nunca hagamos promesas ni nos atemos demasiado a ningún punto de vista, pues todo punto de vista es una imagen parcial, como veremos al volver a la psicosis. Es preciso estar atento a lo que se va desplegando en cada persona así como en uno mismo.
Al final del seminario de 2007 se relata el caso de una paciente que estaba comentando en sesión cosas para ella muy importantes mientras que Eigen estaba distraído pensando, precisamente, en su viaje a Seúl. De pronto ella le pregunta en qué está pensando y él le responde, con toda sinceridad, la verdad, lo que provoca un estallido de ira. Sobre la forma en que se resolvió el conflicto - que algunos denominarán enactment, otros momento ahora, y de muchas otras formas, y que ciertamente se resolvió de forma muy positiva - no voy a entrar aquí sino que dejo al lector la oportunidad de disfrutar por sí mismo de esta viñeta.
La segunda parte comienza con unas meditaciones muy sustanciosas sobre el sueño y su utilidad en psicoanálisis. El núcleo del sueño, según Bion, es la emoción. Después añadirá, ante las preguntas de la audiencia, la idea enigmática de que la sesión entera es como un sueño (p. 167). Pero esa emoción, comenta nuestro autor, ese ombligo del sueño, no es fácil de alcanzar, es escurridiza; se transforma lo mismo que se transforma el soñante:

El Talmud dice que cada sueño es una carta de Dios sin abrir. Nosotros no abrimos o somos incapaces de abrir muchas de estas cartas. Pero algunas veces una carta nos atormenta. (p. 145)

La forma narrativa del sueño le dota de una apariencia de coherencia, que deforma la emoción al mostrárnosla a través de una lente oscura. Algo se escapa, no obstante, aunque la forma narrativa deforme la emoción, permite funcionar con el sueño de alguna manera, que se pueda analizar. En el sueño y en la vida aparecen asociadas ideas y acontecimientos contradictorios, una calamidad después de un éxito, un sentimiento malo después de un sentimiento bueno.
Un ejemplo que le gusta a Bion, cuenta Eigen, es el de la Torre de Babel. Un grupo grande de seres humanos cooperando, pero a Dios no le gusta esta actividad cooperativa, ataca al vínculo, pero “como gente de psicoanálisis” sabemos que esta rabia de Dios es, en realidad, nuestra. En el judaísmo, Dios es un dios desconocido. Para llevarnos bien no podemos estar siempre juntos. Incluso en nuestro interior: “Algo de nosotros que es incapaz de estar todo el tiempo con nosotros mismos. Nuestro propio Self no puede estar consigo mismo y se ataca a sí mismo.” (p. 149).  Por eso las crisis no se detienen y pasamos por muertes y renacimientos.
De forma casual, si es que existe tal cosa, Eigen me recuerda un pasaje de la Biblia, y bien puedo asegurar que por el momento no soy un lector asiduo de la Biblia. Isaías 55:8: “Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos” (Biblia de Jerusalén). La rabia de Dios es la rabia nuestra y nuestro desconocimiento de Él es nuestro desconocimiento propio. A este surco puede traerse - se podrían traer multitud cosas, desde luego - la función alfa de Bion. Eigen toma de él una alusión a los signos del tigre que sin duda haría feliz a Borges:

Tenemos estudios cognitivos sobre el cerebro, sabemos esto y conocemos eso. Pero a Bion le gusta recordarnos que lo que sabemos no es más que una raya sobre el tigre, por no hablar de todas las rayas o del propio tigre. Él acuña el término función alfa para los procesos desconocidos de la digestión psico-emocional, la digestión psíquica.
¿Cómo se digieren los impactos emocionales? Nos dice que hay tres clases de procesos. Uno es a través de las narraciones. Las narraciones en los sueños, narraciones en las historias, historias que contamos a los demás sobre nosotros mismos y nuestras vidas, historias que nos gustaría creérnoslas o que querríamos creer. Algunas historias especialmente nos movilizan, porque ellas llegan hasta una verdad muy profunda. (p. 153)

Una segunda forma de procesar es el análisis lógico, como el de la geometría euclidiana, un enfoque del espacio emocional. Pero la que más interesa a nuestro autor es la tercera, a la que llama pensar en encendido y apagado (on-off). Un sueño que viene y se va, aparece y desaparece. Algo semejante a lo que ocurre con la figura ambigua que se puede ver como una bella joven o como una horrible bruja, que recogen los manuales introductorios a la psicología. Esto es un problema para nosotros: no podemos pensar en una sola cosa. Pero también es nuestra fuerza. Pensamos en X y en no-X, en Y y en Z. Tenemos muchos lenguajes que nos ayudan a ver las cosas, el lenguaje psicoanalítico, el lenguaje de la fe, el científico, el del sentido común. Todos pueden tener un uso para descubrir los llantos del corazón que son sofocados: “Es como si la persona que está llorando no pudiera llorar” (p. 156). O, como leemos páginas después: “... el paciente vive en un estado de semi-asesinado, una clase de asesinato congelado, semi-vivo y capaz de movimiento, y aún, a veces, de palabras y acciones violentas” (p. 161). Ese llanto a veces es rescatado por el analista mediante un mito, relacionado con el problema emocional o con la sesión, un mito que funciona como una especie de “cálculo algebraico”, con el que desarrollar las emociones y sus realidades relacionadas.
Saltémonos ahora unas páginas para llegar al pasaje donde recoge los pensamientos de Winnicott sobre la soledad esencial. Estamos enteramente solos. Esta soledad esencial al principio solo se puede sustentar en un estado máximo de dependencia:

Una soledad primaria, apoyada por otro ilimitado desconocido. Si usted penetra hasta el núcleo de su soledad, usted no sólo se encontrará con usted mismo, allí también estará esa presencia ilimitada desconocida. ¿Es de usted? ¿Es de otro? ¿Qué es? Un desconocido, una presencia ilimitada en el núcleo mismo de su soledad. No importa la profundidad a la que usted llegue, usted la encontrará allí. (pp. 169-170)

En el contacto más íntimo, hay una falta de contacto. Estamos totalmente imbricados y, al mismo tiempo, totalmente separados y distintos. Esa soledad básica se mantiene, paradójicamente, gracias a la compañía. Cuando ese apoyo falta nos encaminamos hacia el desastre; si nuestros padres, cuando somos pequeños, se hallan en guerra permanente, nos falta el apoyo y nos volvemos rígidos. Esa es la razón (o al menos una de las razones) de por qué decía Freud que el carácter es el destino, porque nuestra historia de traumas se incorpora a nuestro carácter.
Para Winnicott la salud es más penosa que la enfermedad. “Re-citamos” a través de Eigen: “Probablemente el sufrimiento más grande en el mundo humano es el sufrimiento de la persona madura, normal, saludable” (p. 176). El terapeuta también sufre este daño, tiene baches en su personalidad que inevitablemente afectarán al paciente. Con ese daño de fondo nos aprestamos a abrir en el paciente las heridas de la dependencia: “Todas las maneras que hemos organizado para escapar del dolor, comienzan a sacudirse un poco” (p. 179). Y porque somos terapeutas, infligimos traumas; es inevitable en toda relación humana herir la confianza. Además, hay que contar con las rigideces de la adultez, pues hemos perdido la capacidad de ser flexibles. Este riesgo de dañar a veces nos lleva a “cortocircuitar” el sufrimiento, impedir que se desarrolle por nuestro temor y falta de fe sobre el apoyo de fondo que le estamos dando al paciente. Eigen no lo dice, pero este riesgo es el que debemos tener en cuenta con ciertas formas de saltarnos el principio de abstinencia. Como se lee en el texto, es una cuestión de “percepción terapéutica” (182). Yo diría: convendría saber, cosa complicada, hasta dónde podemos “beneficiar” al paciente y hasta dónde hay que dejarle que sufra el desmoronamiento para poder colaborar en la reconstrucción. Son daños que ejercemos con nuestra actitud y nuestras palabras.
A propósito de Harry, caso con el que comienza el capítulo 2 de la segunda parte, se afirma que las palabras hieren. En el folklore judío las palabras pueden ser ángeles o diablos. Sin embargo Harry no era capaz de herir con sus palabras, de devolver parte del daño que había sufrido. No podía entrar en el proceso (¿dialéctico?) de matar y morir y, a pesar de todo, sobrevivir. Eigen cita sus obras continuamente; en una de ellas - Coming through the Whirlwind, algo así como “Traído por el Torbellino”, de 1992 -   recordó a un terapeuta que era un asesino con su hacha psicológica, que no era otra que decir la verdad, la verdad sobre los defectos psicológicos del otro. Pensaba, como muchos grandes destructores, que estaba haciendo el bien.
La terapia ayuda a poner los sentimientos en palabras, pero las palabras también crean los sentimientos. La madre toma los sentimientos del bebé, que podrían destruir su psiquismo, y los modifica y devuelve, modulados de forma inconsciente mediante la reverie, transformados en sentimientos mejores. Si la madre – o el terapeuta -  no sabe qué hacer con esos sentimientos, el bebé-paciente queda sin alivio. Jean Genet cogió una cosa de la mesa y su padrastro lo llamó “ladrón”. Eso le permitió una forma, precaria, problemática, de identidad, y a partir de ese momento, el que luego sería gran escritor, se convirtió en ladrón: “Nosotros somos enigmáticos, misteriosos con nosotros mismos” (p. 208). Definimos nuestro enigma con el “soy esto” o “soy aquello”. Nuestro Dios es también enigmático, me permitía decir hace un momento, sus caminos no son nuestros caminos, pero tampoco tenemos muy claro cuáles son nuestros caminos.
Winnicott recoge la pregunta de si el bebé siente que él crea el sentimiento o lo descubre (cf. p. 219 y ss.). Pero esta es una pregunta sin respuesta. Si somos capaces de vivir en la paradoja, una nueva sensibilidad empieza a evolucionar. El poeta crea también una nueva sensibilidad para digerir los sentimientos. Harold Bloom, crítico literario de fama, provocó el escándalo al afirmar que Shakespeare había creado la personalidad humana. El dramaturgo inglés, como muchos grandes artistas, fue capaz de ver (crear) algo que estaba allí pero que nadie había visto antes. Eigen resuelve así uno de los dilemas filosóficos que más tinta han derramado:

¿Qué viene primero, las palabras o la experiencia? Las diferencias se disuelven. Se desvanecen, se fusionan entre sí. Algunas veces la experiencia viene primero. Algunas veces las palabras vienen primero. Algunas veces las palabras crean la experiencia. (p. 221)

Existe la realidad más allá de lo que describen las palabras, añado. Eso es lo innominado, lo inefable, más allá del lenguaje convencional, aquello a lo que el primer Wittgenstein llamaba “lo místico”. Eigen, más en su terreno, habla del funcionamiento psicótico (pp. 225-226). Los psicóticos se encuentran en una encrucijada, por debajo de sus alucinaciones y delirios, con dudas sobre sí mismos que no pueden aliviar. Sabe algo, o cree saber algo, lo inaccesible, o lo real más allá de lo que se puede nombrar, y que Bion etiqueta con la letra ‘O’, algo que ninguna comunidad de personas conoce: “Si usted tiene dos personas psicóticas juntas, usted tendrá dos versiones distintas de O. Ellos no pueden hablar entre sí” (p. 226). También recupera la expresión de Freud “el ombligo del sueño” (cf. p. 247), algo que nunca pude ser encontrado, algo que se escapa y que, cuando pescamos algo, es una verdad parcial. Pero no desesperemos, viene a decirnos Eigen, las verdades parciales pueden ser muy útiles.
Sea cual sea nuestra perspectiva, siempre es parcial, nunca tendremos una visión de la totalidad, de lo absoluto o lo místico. Esto no depende de ninguna creencia concreta en Dios, simplemente lo que ocurre es que pensemos o sintamos lo que sea, siempre será una parte de un conjunto más amplio. El psicoanálisis sólo es una raya en la piel del tigre. Pero para llegar a esa raya se necesita tener fe en O. La misma fe que Job demostraba en Dios a pesar de sus múltiples padecimientos: “Un estado de apertura radical. Aferrarse a la nada. Nada a qué aferrarse. Desnudo “(p. 229). Aunque nadie llegue a este estado de apertura total. El psicoanálisis es un camino y no un saber establecido. Ni Winnicott ni Bion, se apresura Eigen a advertirnos, son unos sabelotodo. El eco del pensamiento taoísta resuena de fondo.
El ideal de la interpretación correcta, tan de moda durante muchos años y aún hoy, pierde su vigencia en este sistema de pensamiento, cercano al sentimiento religioso. Entiéndase bien, si no me equivoco el terapeuta de Eigen – y Donna Orange parece mantener posturas semejantes respecto a la mística con sus lecturas sobre Buber o Levinas – no ofrece un credo religioso nuevo ni antiguo a su paciente pero reconoce el lugar que la fe ocupa en la vivencia cotidiana del ser humano y ofrece su compañía y soporte:

La importancia de la psicoterapia para la sociedad es el apoyar a los demás, de cara al difícil proceso en el cual estamos comprometidos, un proceso en el cual necesariamente está implicada una crisis de fe. (p. 233)

Pero para esto, tenemos que volver al principio de este comentario, es preciso superar el mito del conocimiento, la vergüenza que va unida al no saber: “Todos los grupos están construidos sobre el hacer creer que se sabe” (p. 259). Cuando era joven, Eigen temía decir a los pacientes que no sabía. Muchos pacientes preguntarían entonces por qué están pagando. Él aprendió a decir:

“No, usted no me paga por saber. Usted me está pagando para tratar de estar con usted de una manera más útil”. Con el tiempo los pacientes se acostumbraron a mi no saber. Eso fue un alivio para ellos también, porque entonces ellos no tenían por qué saber. (p. 261)

Sí, en cambio, ocupamos el lugar del sabelotodo entraremos en lucha con el paciente, porque él también lo sabe todo. Ve cosas que nosotros no vemos. Nuestros defectos, por ejemplo, y eso puede ser insoportable.
He pensado detenidamente en el parentesco posible entre el mensaje del último fragmento citado y los argumentos lacanianos sobre el analista como lugar del supuesto saber y cuestiones semejantes. Parece que se refieren a lo mismo. Ahora bien, nunca lograré imaginarme a Lacan dirigiendo un comentario tan explícito a su paciente.

Sirva lo anterior como aperitivo a la lectura de estos seminarios de Seúl y hasta otra.

domingo, 8 de junio de 2014

Estimados alumnos/as y colegas:
Os anunciamos la nueva temporada QUE SE INICIA EL 15 DE JUNIO 2014, de cursos on-line acreditados por la Comisión de Formación Continuada de las Profesiones Sanitarias de la Comunidad de Madrid, con validez en todo el Estado. El periodo de inscripción ya está abierto:
Descripción: Descripción: cid:image005.png@01CD351E.E25EFF60
CURSOS CLÍNICOS
Curso IPBM: “La mentalización y la capacidad de pensar. Introducción a la psicoterapia basada en la mentalización” (Acreditado por la CFC de las Prof. Sanitarias de la C.A.M.  con 8,4 Créditos). A cargo del prof. Juan José Martínez Ibáñez. Toda la información en: http://www.psicoterapiarelacional.es/CAMPUSONLINE/IntroducciónalaMentalización(IPBM).aspx
"Introducción a la Técnica de la Psicoterapia Psicoanalítica"  (Acreditado por la CFC de las Prof. Sanitarias de la C.A.M. con 10,6 créditos). A cargo de los Profs. Alejandro Ávila Espada, Antonio A. Tinajas y Carlos Rodríguez Sutil. Toda la información está en: http://www.psicoterapiarelacional.es/CURSOSONLINE/IntroduccionalaTecnicadelaPsicoterapiaP/tabid/763/Default.aspx    
"Diagnóstico y Evaluación Clínico-Forense (I) Informes y Peritajes",  (Acreditado por la CFC de las Prof. Sanitarias de la C.A.M.  con 7,9 Créditos). A cargo del Prof. Carlos Rodríguez Sutil. Toda la información está en: http://www.psicoterapiarelacional.es/CURSOSONLINE/DiagnosticoyEvaluaciónClínicoForenseI/tabid/654/Default.aspx
"Psicoterapia Intersubjetiva Focal Breve-I", (Acreditado con 8,9 créditos por la CFC de las Prof. Sanitarias de la C.A.M.). A cargo de los Prof. Alejandro Ávila Espada y Araceli Gómez-Alva. Toda la información está en: http://www.psicoterapiarelacional.es/CURSOSONLINE/PsicoterapiaintersubjetivafocalbreveI/tabid/496/Default.aspx
"Bases del Modelo Sistémico y Epistemología de la Clínica", (Acreditado con 6,4 créditos por la CFC de las Prof. Sanitarias de la C.A.M.).A cargo de los Prof. Teresa Suárez Rodríguez, Begoña Olabarría González y la tutoría de Vanessa Gómez Macías. Toda la información está en:
"Teoría y técnica de Grupos para Servicios Sociales y de Salud", (Acreditado con 4,1 por la CFC de las Prof. Sanitarias de la C.A.M.). A cargo de los Prof. Alejandro Ávila Espada, Carlos Rodríguez Sutil. Toda la información está en:
Para quienes ya han cursado el anterior, o  ya tienen formación en grupos, puede solicitarse una segunda parte del anterior La Psicoterapia de Grupo como tratamiento combinado: Modelos y técnicas actuales” (Acreditado con 12,8 créditos  por la CFC de las Prof. Sanitarias de la C.A.M.). Para matricularse en este curso envíe previamente un correo a agora@psicoterapiarelacional.es ] La información está en: http://www.psicoterapiarelacional.es/CAMPUSONLINE/PsicoterapiadeGrupoTratamientocombinado.aspx
"Introducción al Modelo Dinámico-Relacional", (Acreditado con 3,8 créditos por la CFC de las Prof. Sanitarias de la C.A.M.) . A cargo de los Prof. y tutores Alejandro Ávila Espada, Carlos Rodríguez Sutil y Raúl Naranjo Valentín. Toda la información está en:
"Aportaciones de la Psicoterapia Cognitivo-Constructivista", (Acreditado con 7,1 créditos por la CFC de las Prof. Sanitarias de la C.A.M.).A cargo de los Prof. Guillem Feixas Viaplana, Luis Ángel Saúl Gutiérrez y la tutoría de Esteban Laso .Toda la información está en:
"Casuística Ética del Psicoterapeuta Profesional", 2 créditos  (En trámite de acreditación).A cargo del Prof. Alejandro Ávila Espada y la tutoría de Ángela Izquierdo Jiménez.Toda la información está en: http://www.psicoterapiarelacional.es/CAMPUSONLINE/Casuísticaéticadelpsicoterapeuta.aspx 
CURSOS METODOLÓGICOS
"Metodología de investigación para el psicoterapeuta profesional", (Acreditado con 5,2 créditos por la CFC de las Prof. Sanitarias de la C.A.M.). A cargo de los Prof. Alejandro Ávila Espada y Mercé Mitjavila i García.Toda la información está en:
"Entrenamiento en el Método CCRT y CCRT-LU", (Acreditado con 5,2 créditos por la CFC de las Prof. Sanitarias de la C.A.M.) A cargo de los Prof. Yolanda López del Hoyo, Alejandro Ávila Espada, Dan Pokorny y la tutoría de Moraima García. Toda la información está en:
Estos cursos forman parte de nuestro sistema modular del Máster en Psicoterapia Relacional (Especialista en Psicoterapia Psicoanalítica Relacional / Especialista en Psicoterapia Sistémica),  pero también pueden ser cursados de forma totalmente independiente y cuentan con acreditaciones de formación continua para Psicólogos Clínicos y Médicos.
Haced llegar esta información a cualquier persona que creáis pueda estar interesada.
Condiciones especiales para los inscritos en los Estudios de Máster y Especialista en Psicoterapia Psicoanalítica Relacional, los miembros del Instituto de Psicoterapia Relacional y de IARPP-España.
Para cualquier duda no dudéis en contactarnos.
Un cordial saludo,
AGORA RELACIONAL
Coordinadora en Gestión de Formación: Ángela Izquierdo Jiménez
Alberto Aguilera, 10 – Escalera Izquierda – 1º
28015-MADRID
Telefono (+34) 915919006 – Fax 91-4457333
www.psicoterapiarelacional.es

martes, 6 de mayo de 2014

Primera Conferencia Ibérica de PSICOANÁLISIS RELACIONAL, CÁCERES, 9 y 10 de MAYO de 2014


Los días 9 y 10 de MAYO de 2014 se desarrollará en CÁCERES la Primera Conferencia Ibérica de PSICOANÁLISIS RELACIONAL, que es a la vez las III Jornadas de Psicoanálisis Relacional (IPR) y la 5ª Reunión Anual de IARPP-España. Esta conferencia está co-organizada por IARPP-Portugal, APPSI, IPR e IARPP-España. Declarada de Interés Sanitario y Solicitados Créditos de Formación Continua.

Contamos con la participación especial de MICHAEL EIGEN, y la de JOAN CODERCH, JUAN JOSÉ MARTÍNEZ IBÁÑEZ, FREDERICO PEREIRA, MANUEL MATOS, CARLOS RODRÍGUEZ SUTIL, ROSA VELASCO, además de la de ALEJANDRO ÁVILA, RAMÓN RIERA y muchos otros ponentes.
 
Michael Eigen es uno de los psicólogos y psicoanalistas más trascendentes en los comienzos del siglo XXI. Profesor Asociado Clínico del Programa Postdoctoral en Psicoterapia y Psicoanálisis de la U. de Nueva York, Miembro Titular de la  National Psychological Association for Psychoanalysis (USA) entre otras numerosas afiliaciones y reconocimientos, ha impartido conferencias, seminarios y talleres por numerosos países en occidente y oriente, y viene a EspaEntre sus  numerosas obras y publicaciones destacan los libros: The Psychoanalytic Mystic (1998); Toxic Nourishment(1999); Feeling Matters and Flames from the Unconscious: Trauma, Madness and Faith (2009); Damaged Bonds (2001); The Psychotic Core(2004); Psychic Deadness (2004); The Sensitive Self (2004); Emotional Storm (2005);Conversations with Michael Eigen (2007); Eigen in Seoul: Vol.1-Madness and Murder (2010). Vol.2 –Faith and Transformation (2011); Contact with the depths (2011); y el reciente Kabbalah and Psychoanalysis (2012), todos ellos publicados o distribuidos por H. Karnac en Londres. En 2014 se dispondrá en castellano de una de sus obras, que está en curso de publicación: Locura, fe y transformación (Las conferencias de Eigen en Seul) [Madrid: Ágora Relacional] que reúne sus obras Eigen in Seoul: Vol.1-Madness and Murder(2010). Vol.2 –Faith and Transformation (2011) más un prólogo de presentación y documentación adicional sobre el autorAdemás tenemos la monumental Cáceres y una época extraordinaria para encontrarnos en un lugar trascendente!
ña en esta ocasión por primera vez.
Toda la información sobre las Jornadas está en la web : http://www.psicoterapiarelacional.es/CACERES2014ConfIbérica.aspx   


jueves, 20 de marzo de 2014

BAJTÍN Y LA POÉTICA DE DOSTOIEVSKI.



ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE EL LIBRO DE M.M. BAJTÍN “PROBLEMAS DE LA POÉTICA DE DOSTOIEVSKI”

Recientemente publicado en Clínica e Investigación Relacional VOL.8 Nº 1 pp. 270‐274 (2014) 
http://www.psicoterapiarelacional.es/Portals/0/eJournalCeIR/V8N1_2014/Review_Bajtin-Poetica-Dostoievski_CRS_CeIR_V8N1.pdf                                               


BAJTÍN, M. (1979) Problemas de la poética de Dostoievski. Trad. de Tatiana Bubnova, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica: México, 2012.



Desde un conocimiento indirecto y circunstancial de las publicaciones sobre semántica, semiótica y crítica literaria se puede apreciar el cada vez más destacado lugar que ocupa la obra de Mijaíl Bajtín en el pensamiento actual. Bajtín nació en Orel, cerca de Moscú, en 1895, pero vivió su infancia en Lituania y Odessa. Después estudió en la Universidad de San Petersburgo y encabezó un grupo de intelectuales preocupados por el lenguaje y el pensamiento. Aunque su obra parece impregnada de análisis marxista, o quizá por eso, sufrió persecuciones después de la revolución soviética, con varias deportaciones y prohibición de enseñar y de que se difundieran sus libros. Además del libro que ahora se comenta, es famosa su tesis sobre la obra de Rabelais, y otras. Todas ellas se fueron recuperado en Rusia a partir de los años sesenta pero siguió siendo casi totalmente desconocido en occidente hasta el final de los setenta.
Bajtín, como ocurría con Vygotsky y los miembros de la escuela sociohistórica, ofrece una visión de la realidad afín a la perspectiva relacional, anticartesiana, que posiblemente también influyera en el segundo Wittgenstein. Como algunos autores han señalado (Cf. Klagge, 2011, p. 164), se puede leer las Philosophical Investigations como un diálogo a tres o más voces, en permanente intercambio, ninguna de las cuales puede ser identificada sin más con la del autor. Este hecho puede ser comparado con la interpretación que hace Bajtín de las novelas de Dostoievski como polifónicas. Se da la circunstancia de que el hermano de Bajtín, Nicholas, profesor de filología, fue amigo cercano de Wittgenstein en sus últimos años. Wittgenstein llevó a cabo con él una lectura del Tractatus de la que se derivó la idea de publicarlo de nuevo acompañando a las Philosophical Investigations (Monk, 1990, p. 457).
El concepto de “polifonía” sirve para reflejar el permanente diálogo que preside obras tan conocidas como Los Hermanos Karamazov, El Idiota o Crimen y Castigo, y otras que recibieron la admiración de Sigmund Freud (1928). El padre del psicoanálisis se apoyó en los escritos y en la biografía del novelista ruso para apoyar sus tesis sobre el complejo de Edipo. Aquí nos interesa más su valor teórico para superación del egocentrismo cartesiano. El diálogo en los relatos de Dostoievski se establece no sólo entre los personajes sino que es un diálogo interno en contínua lucha, casi siempre extenuante, en la que los puntos de vista de los demás están plenamente presentes no de forma aproximada sino como realidad viva y cambiante, que gira y se arremolina de manera genial. Paradójicamente Dostoievski no pretendía reproducir con exactitud los giros lingüísticos y acentos que reflejaran el origen social o étnico de los personajes, recibiendo por ello las críticas de Tolstoi. Lo que sus diálogos logran es recoger la auténtica y completa sensibilidad de cada personaje y su línea de pensamiento en el contexto social sin identificarse con ninguno de ellos. Una especie de “sociología de conciencias”, pero también de inconscientes, pues  los seres se mueven por sus propios impulsos habitualmente de forma trágica en contra a veces de las intenciones ingenuamente enunciadas.
Dostoievski es un gran psicólogo porque no se derrumba en el psicologismo:
La idea - tal como la veía Dostoievski artista- no es una formación subjetiva, individualmente psicológica, con una “residencia permanente” en la cabeza de una persona; la idea es interindividual e intersubjetiva, la esfera de su existencia no es la conciencia individual sino la comunicación dialógica entre conciencias. La idea en este sentido se asemeja a la palabra con la que se une dialécticamente. Igual que la palabra, la idea quiere ser oída, comprendida y “respondida” por otras voces desde otras posiciones. Igual que la palabra, la idea es dialógica por naturaleza, y el monólogo es una forma convencional de su expresión (...) (p. 188)

El pensamiento es diálogo, interrogación y escucha. Pues, aunque la conciencia inevitablemente es única y ante ella la multiplicidad de conciencias es un accidente, algo superfluo, nunca hay una fusión completa de voces, como en el monólogo clásico. Lo que distingue una conciencia de otras carece de importancia. Pero esa conciencia única no se expresa en un monólogo idealista sino que se fragmenta, como en un movimiento de vaivén, en una multiplicidad de voces. Adelantando lo que se dirá unos años después desde el psicoanálisis relacional, Bajtín criticará la idea de una mente que influye en otra sin quedar contaminada:
… el idealismo conoce sólo un tipo de interacción cognoscitiva entre conciencias: la enseñanza que imparte un conocedor que posee la verdad a aquel que no la conoce y que está en el error, es decir, la relación entre el maestro y el discípulo y, por consiguiente, un diálogo pedagógico. (p. 177)

Esa es la concepción monológica de la conciencia que prevalece en diferentes esferas de la creación ideológica, según el pensador ruso, y que nosotros descubrimos en el psicoanálisis clásico. El error consiste en pensar que el analista hace algo, “opera”, sobre la mente del paciente. El experto entiende al paciente, quien no se entiende a sí mismo, y le “socorre” con su interpretación verdadera, objetiva y neutra, sin que su subjetividad se vea implicada en el proceso.
Bajtín no habla de lo inconsciente, pero ello no deja de hacerse presente, aunque sea en la forma del vacío, del hueco:
“Toda la realidad -escribió Dostoievski-, no se agota por lo existente, ya que una parte enorme de ella consiste en la palabra todavía implícita y no expresada.” (p. 191)

Decíamos en alguna ocasión que el inconsciente es aquello a lo que no atiendo o aquello que rechazo, y el afecto queda suelto, como una reacción cuya causa ignoramos. Heidegger, en un párrafo de El Ser y el Tiempo (1927, p. 46), distinguía las formas de estar oculto: un fenómeno puede estar oculto, en el sentido de estar todavía no descubierto, o enterrado: estaba ya descubierto, pero volvió a quedar encubierto, quizá no del todo, es aún visible, pero sólo en la forma del "parecer ser...", con el riesgo de desfiguración y engaño que conlleva.
La necesidad de desdoblar el monólogo en diálogo a dos o más voces llega a forzar la invención del interlocutor, en el Doble, de la novela homónima, o en el diablo creado por la mente enfebrecida de Iván Karamazov, necesidad equiparable al desdoblamiento dialógico del paciente esquizofrénico. En otros momentos ese diálogo recibe el contrapunto del interlocutor real o representado internamente, como en los intensos intercambios entre Iván y Aliosha, o entre Raskolnikov con Porfirio Petróvich, el juez de instrucción, aunque los ejemplos son innumerables. No sólo desde la réplica y el contraste, el estar de acuerdo implica igualmente un diálogo, pues nunca hay una fusión de voces en una verdad impersonal, como en el monólogo (p. 200). La verdad no reside en la cabeza de un solo hombre sino que está entre los hombres, aquellos que la buscan en sociedad, reunidos por Sócrates que les convocaba para discutir y la hacía surgir con sus artes de partero, pero como algo que se construye no que nace ya hecho (p.222). Esta definición de la verdad sería sin duda aceptada por la filosofía hermenéutica de Gadamer (1960), que entiende la hermenéutica como un proceso de comprensión mediante el diálogo con el autor, diálogo del que surge algo que es único e inesperado:
Acostumbramos a decir que “llevamos” una conversación, pero la verdad es que, cuanto más auténtica es la conversación, menos posibilidades tienen los interlocutores de “llevarla” en la dirección que desearían. De hecho la verdadera conversación no es nunca la que uno habría querido llevar. Al contrario, en general sería más correcto decir que “entramos” en una conversación, cuando no que nos “enredamos” en ella. Una palabra conduce a la siguiente, la conversación gira hacia aquí o hacia allá, encuentra su curso y su desenlace, y todo esto puede quizá llevar alguna clase de dirección, pero en ella los dialogantes son menos los directores que los dirigidos. Lo que “saldrá” de una conversación no lo puede saber nadie por anticipado. El acuerdo o su fracaso es un suceso que tiene lugar en nosotros. (p. 104)


Volviendo a Dostoievski, en el origen del género dialógico sitúa Bajtín dos géneros clásicos: el diálogo socrático - muy querido también por Gadamer - y la sátira menipea, que se puede considerar un derivado del diálogo socrático enraizado en el folklore carnavalesco (Cf, p. 227 y ss.). La sátira menipea recibe su nombre de Menipo de Gadara (siglo III, a.C.) aunque fue Varrón quien introdujo el término (s. I, a.C.) y luego fue cultivado por Séneca, Petronio, Luciano, Apuleyo y muchos otros. Se caracteriza por la fantasía más audaz, el humor y la aventura como medios para poner a prueba la verdad de una idea o tesis filosófica. En resumen: “La combinación orgánica de diálogo filosófico, alto simbolismo, aventuras fantásticas y naturalismo de bajos fondos es el rasgo notable de la menipea que se conserva en todas las etapas posteriores del desarrollo de línea dialógica en la prosa novelesca hasta Dostoievski.” (p.230)
La conciencia del héroe es el escenario donde penetran las palabras ajenas a él, las opiniones de los otros, produciendo rupturas en su autoconciencia y subterfugios, reservas, redundancias (Cf. p. 382). La diferencia con otros diálogos literarios está, a mi entender, en la tremenda cantidad de capas que se acumulan en todo discurso, entremezclando los argumentos posibles del interlocutor o de otros presentes o ausentes, con numerosos supuestos y giros adivinados. Decíamos que la realidad no se agota en lo existente. Un pensamiento de los personajes es evidente y determina el contenido del discurso, mientras que otra parte queda oculta, aunque determina su estructura (Cf. pp. 447-448). Asimismo, lo inexpresable con palabras, lo preverbal o procedimental, implícito también pero sensible en sus novelas, a lo que Bajtín no alude de forma específica. El fondo de futilidad que transpira a menudo en la indolencia y el nihilismo del héroe, ya sea Raskolnikov, Iván Karamazov, el innominado hombre del subsuelo, etc.
Para terminar, un párrafo en el que se sintetiza adecuadamente el estilo carnavalesco de las obras del escritor ruso, responsable de los giros insospechados en su argumento y caros a la hipótesis freudiana del sentido antitético de las palabras:
Ya hemos hablado acerca de la estructura específica de la imagen carnavalesca; esta imagen tiende a abarcar y unir ambos polos de la generación  o los dos miembros de la antítesis: nacimiento-muerte, juventud-vejez, alto-bajo, cara-trasero, alabanza-injuria, afirmación-negación, trágico-cómico, etc., y el polo de arriba de la imagen doble se refleja en el polo de abajo según el principio por el que aparecen las figuras sobre los naipes. Lo cual podría expresarse de la siguiente manera: los contrarios se unen, se miran recíprocamente y se reflejan, se conocen y se entienden unos a otros. (p. 331)



BIBLIOGRAFÍA

Freud, S. (1928). Dostoievski y el Parricidio. En “Obras Completas”. Madrid: Biblioteca Nueva, 1973, vol. III.
                                               
Gadamer, H-G. (1960). Verdad y Método. Salamanca: Ediciones Sígueme, 1992 (2 vol.).

Heidegger, M. (1927). Sein und Zeit. Tubinga: Max Niemeyer, 1993. El Ser y el Tiempo. Madrid: Fondo de Cultura  Económica, 1989 (traducción de José Gaos).

Klagge, J.C. (2011). Wittgenstein in Exile. Cambridge, Massachusetts: MIT Press.

Monk, R. (1990). Ludwig Wittgenstein. The Duty of a Genius. Londres: Jonathan Cape.

jueves, 13 de marzo de 2014

COMUNICACIÓN EN LAS JORNADAS "FAIRBAIRN AND THE OBJECT RELATIONS TRADITION"

Estas son las conclusiones de mi comunicación sobre Fairbairn y su aportación a la comprensión de los trastornos de la personalidad. Museo Freud de Londres, 9 de marzo de 2014.


 Conclusion

Fairbairn's description of endopsychic structure hardly applies to pure schizoid and antisocial disorders, including the “thick-skinned” or “malignant narcissistic” patient. Endopsychic structure is not valid before the solid constitution of an ego ideal – “ideal object” (IO) –, just before the completion of the superego at the depressive position. But not every subject delineates a stable ego ideal to which to aspire to emulate. In my opinion, the fear that one’s love is destructive does not originate in the schizoid position but rather, it is the result of its optimal evolution. Fear of being destructive is a form of depressive anxiety, since it requires at least some elaboration, however slight, of the feeling of guilt. Futility, on the other hand, is a common feeling in the reckless destroyer, evidently free of guilt. Perhaps Fairbairn classified as “schizoid” –and Kohut as “narcissistic”– many individuals now likely to be diagnosed as suffering from a “borderline personality”. If this is correct, then schizoid, (psychopathologically) aggressive and purely narcissistic patterns should be traced back to earlier stages in personality development. By locating moral defence in the schizoid position it seems that Fairbairn may be failing to include the unconditionally good psychopath, maybe he never came across one. Beyond borderline organization, there is the individual who, because of an early lack of empathic support, never displays any form of empathy or guilt. Fairbairn (1940), however, identifies an immoral motivation for the discharge of aggression in schizoid states: since the pleasure of love is forbidden, the pleasure of hating is allowed, to which enjoyment we can devote ourselves. Given that love involves destructiveness, it seems best to destroy through hate, in a fashion close to the narcissistic personality individual with antisocial attitudes and the antisocial individual in its most strict sense. However, these subjects become bad not in order to protect their good objects but, in my opinion, to keep all “goodness” inside themselves. Finally, I want to remark that Fairbairn remains excessively focused on the intrapsychic structure, on an inner world that ultimately takes precedence, never fully conceiving personality as an open system that continuously influences and is influenced by external experience (Cf. Scharff, 2005, p. 10). An authentic theory of human relations would affirm that what is introjected is neither images, nor objects; what is introjected - or, rather, learnt - are patterns of action or interaction. The objects Fairbairn is talking about are not, strictly speaking, “representations”; they are unconscious, procedural patterns of action, activated in interpersonal, emotional, relations, in a process of dialectical adaptation to the partner’s own procedural patterns.

lunes, 10 de marzo de 2014

De vuelta de las jornadas RONALD FAIRBAIRN AND THE OBJECT RELATIONS TRADITION

Magníficas jornadas las celebradas este fin de semana en el Museo Freud de la capital británica. Incluyo una foto de la sesión final, con los siguientes integrantes:

Stephen Frosh: What Passes, Passes By: Why the Psychosocial is Not (Just) Relational, Earl Hopper: Chair and Discussant, Ron Aviram: The Large Group in the Mind (With Special Reference to Prejudice, War, and Terrorism), Julian Lousada: Psychoanalysis Goes to Market ?

De pie a la derecha aparece David Scharf, edictor junto con Graham Clarke del libro publicado por Karnac, y responsables de estas jornadas.



El sábado a última hora, Cosmo Fairbairn dio un emotivo discurso y memoria sobre la figura de su padre:























martes, 4 de febrero de 2014

RONALD FAIRBAIRN AND THE OBJECT RELATIONS TRADITION


 
7 March 2014 - 9 March 2014

RONALD FAIRBAIRN AND THE OBJECT RELATIONS TRADITION

International Conference at the Freud Museum

Organised by The IPI, Essex University and The Freud Museum
Ronald Fairbairn was the father of object relations theory, which now permeates modern psychoanalytic thought. He developed a distinctive psychology of dynamic structure that began with the infant's need for relationships, and in which mental structure is based upon the internal objects that result from introjection and psychic modification of these early relationships.
This conference will outline the basics of Fairbairn's contribution, and then explore the ramification and development of these ideas to clinical work, and broadly to applications in modern psychoanalytic thinking.
OUTLINE CONFERENCE PROGRAMME(For full programme CLICK HERE)
Friday 7 March 7pm-9pm

Opening Panel: Internalization and the Status of Internal Objects

Norka Malberg: On Being Recognized
Viviane Green: Internal objects: Fantasy, Experience and History Intersecting?
David Scharff: Internal Objects and External Experience

Saturday 8 March 9.30am - 5pm

Presentations and Discussion
Marie Hoffman:
Fairbairn and Religion
James Poulton: Philosophical Foundations of Fairbairn
Gal Gerson: Hegelian Themes in Fairbairn's Work
Steven Levine: Fairbairn's Theory of the Visual Arts and its Influence
Jonathan Sklar: Discussion of Steven Levine's Presentation
Joseph Schwartz: Fairbairn and the good object: a bone of contention
Molly Ludlam: Fairbairn and the Couple - Still a Creative Threesome?
Jill Scharff: Fairbairn's Clinical Theory

Panel: Psychic Growth
Lesley Caldwell:
Being at Home with One's Self: the Condition of Psychic Aliveness?
Anne Alvarez: Paranoid-Schizoid Position or Paranoid and Schizoid Positions?
Graham Clarke: Psychic Growth and Creativity

5.30pm - 6.45pm Wine and Cheese Reception Fairbairn and the Object Relations Tradition (Karnac Books)
on sale in museum shop

Sunday 9 March 9.30am - 5.00pm
Presentations and Discussion
Eleanore Armstrong-Perlman:
The Zealots and the Blind: Sexual Abuse Scandals from Freud to Fairbairn
Carlos Rodriguez-Sutil: Fairbairn's Contribution to Understanding Personality Disorders
Valerie Sinason: Abuse, Trauma and Multiplicity
Ruben Basili: Recent Work from Argentina's Espacio Fairbairn
Video Presentation: Reflections on Fairbairn from Otto Kernberg and John Sutherland
Hilary Beattie: Fairbairn and Homosexuality: Personal Struggles amid Psychoanalytic Controversy

Panel: Groups, Social Issues and the Social Unconscious
Earl Hopper:
Chair and Discussant
Julian Lousada: Psychoanalysis Goes to Market ?
Stephen Frosh: What Passes, Passes By: Why the Psychosocial is Not (Just) Relational
Ron Aviram: The Large Group in the Mind (With Special Reference to Prejudice, War, and Terrorism)

Closing Group Discussion Drs. Clarke and Scharff, Co-Chairs